1° de enero: la Odisea chilanga. | SapiensBox

Travesías en la CDMX.

1° de enero de 2018. Xochimilco, Ciudad de México, 9:30 am.
Christian descansa plácidamente en su sillón, aún con el atuendo que se puso anoche para despedir al año viejo, unos cuantos rayos de luz entran por la orilla de las persianas de la sala calentando sus mejillas y mientras está todavía en el 5to. sueño, un “ligero” sonido entra por sus oídos…

Mamá: ¡Christiaaaaan! Despiértate que necesito que vayas por tu tía al aeropuerto.

Christian: No chingues… Es año nuevo jefa, chale.

La tía Conchita vive en Miami y cada año, desde que obtuvo su greencard, viaja a la CDMX para visitar a su hermana -la mamá de Christian- a quien siempre le trae todo tipo de regalos del gabacho: que el jersey de los Bulls, que la gorrita de los Lakers, unos tennis Jordan originalitos y decenas de dulces varios (porque sigue siendo el chiquito).

Christian, quien una noche antes aceptó diversos retos de sus primos, que incluían disfrutar de una gran variedad de shots con tequila, vodka y mezcal, obtiene las fuerzas para levantarse gracias al recuerdo de esos Jordan blancos y decide aceptar el reto de ir por la tía Conchita. Total, como es el primer día del año, seguramente será una ruta rápida y sin contratiempos, ¿cierto?

Que comience la travesía

Aún algo credo, Christian se dispone a buscar las llaves del carro entre las decenas de vasos y un par de tíos que desfallecieron en la mesa, deberá partir de una vez porque vagamente recuerda haber quedado en darle un aventón a sus cuates a eso de las 10:00 hrs. para cumplir con una importante misión. Su mamá le da la información del vuelo y un plato con diferentes variedades de los platillos estelares para el recalentado, come a prisa, se pasa el bocado con un charquito que asume era de él y antes de atravesar la puerta de su casa avienta el clásico: “No me tardo”.

Mientras sube a su Chevy 2008 y comienza a recorrer las calles de su barrio, cerca de la Noria, se da cuenta de la escena que domina el sur y seguramente toda la CDMX, calles desoladas, cientos de kilos de basura esparcida por todas partes, restos de pólvora que dejaron una huella blanquecina en el asfalto, algunas llantas que aún continúan ardiendo y un par de personas que caminan sin rumbo demacradas por completo, ¿estarán deprimidos? ¿tendrán familia? ¿la habrán pasado bien anoche? ¿andan crudeando? Nadie lo sabe… Antes de incorporarse a Av. Las Torres, se encuentra con sus cuates, un grupo de tres sobrevivientes del 31 de diciembre:

Cuate: ¡Christian! ¿Qué pedo, no mames, pensé que no ibas a llegar? Échannos un ride al “Modelodrama”, ¿no, mano?

Christian: Cámara, pero los dejo en chinga porque me tengo que ir al aeropuerto.

Empiezan las broncas, #ContingenciaAmbiental

Mientras se dirigen al Modelorama, Christian y los sobrevivientes vislumbran en el horizonte una de esas especies raras que casi nunca se aprecian, un oficial de tránsito madrugador que comienza su cuota anual deteniendo un auto cuya lámina termina en 5, el mismo número de placa del Chevy y a Christian se le prende el foco:

Christian: Puta madre, el no circula. Güey, vas a tener que tirarme paro y llevarte el carro al chante porque en lo que subo y bajo se me va a hacer tarde, te lo encargo.

Cuate: Yo te lo cuido, “donguorry”, ay te dejo en la parada.

Este 1°de enero se mantiene el no circula porque #Cohetes y #QuemaDeLlantas provocaron el ya clásico anuncio de la CAME sobre #ContingenciaAmbiental, en lo que Christian no reparó, porque tenía temas más importantes en qué ocuparse, como el eterno debate de “Estoy crudo o estoy pedo” “Me la curo, me la bajo o la mantengo” y claro, ir por la tía Conchita.

La espera eterna por transporte público

Christian llega a la parada con gran incertidumbre por su nave, porque -a decir verdad- se veía que su cuate estaba comenzando a agarrar nuevamente un estado etílico considerable, el compita lo despide deseándole la mejor de las suertes mientras rechina bruscamente las llantas del “Chevito” y da vuelta en U, de regreso al barrio.

Pasan cinco, diez, quince minutos y nada, ni un alma, han pasado apenas dos autos y una moto sin placas con un par de sujetos que traían cara entre malandros y zombies, seguramente por la buena fiesta que también agarraron ayer. En lo que Christian analiza la posibilidad de caminar hacia otra avenida para ver si hay más suerte, una figura morada enorme se acerca lenta y sigilosamente al sonido del intro de “Las más perronas del 2017”.

El ansiado transporte que recorre la ruta de Xochimilco a Izazaga, tarde pero seguro, menos sucio que sus grisáceos antecesores, va llegando a la parada, atascadísimo, peor que cualquier otro día, porque son pocos los que, impulsados por la necesidad, se han animado a pescar pasaje este día de asueto oficial, y quien desee cambiar de destino deberá “aperrarse” para lograrlo.

Rumbo al metro General Anaya, destino Terminal Aérea
Christian se va abriendo campo al interior del transporte y encuentra un huequito junto a un señor que va babeando, parado junto a la puerta. Mientras el chofer agarra vuelo con rumbo a General Anaya, nuestro protagonista chilango se percata de un olor que no está del todo seguro si proviene de él, del señor babeado o del camión entero, lleno de aventureros de la CDMX, un olor entre alcohol, cigarro, un poco de vómito y algo de comida de Año Nuevo en la ropa, que se mezcla con un tufo a gasolina.

De estación en estación por la línea azul

Llegando al metro, Christian comienza a correr por inercia, apresurado para encontrar un lugar en el vagón, rápidamente se percata que va casi vacío y conforme avanza cada estación comienza a sentir una paz que jamás había percibido al viajar por ahí: sin contratiempos, sin personas jugándose la vida para entrar al vagón, sin peleas de señoras y absolutamente ningún comerciante que le ofrezca el último juguete de moda, de novedad.

Un sentimiento extraño comienza a invadirlo. ¿Es el bajón? ¿Es la tristeza de que todos parecen estar de vacaciones, mientras él debe ir a recoger a la tía Conchita, crudo? ¿Es que en verdad extraña escuchar “Las más perronas del 2017” mientras viaja hacia Pino Suárez? Sus manos comienzan a sudar, la temblorina comienza a invadirlo y comienza a sentir un dolor punzante en el intestino que anuncia la primera llamada de una diarrea inminente.

Christian: Sí aguanto, sí aguanto… ¡No mames, ya valió!

La salvación: Un tugurio de la Portales

Al llegar la llamada número dos, Christian sabe que ya no hay tiempo que perder, debe bajar ahora mismo y apenas va en la estación Portales, ni modo. Corre como jamás en su vida para salir de las inmediaciones del metro, mientras que a cada paso que da, ve más cerca la llegada del maldito chorro asesino, el sudor se incrementa y ahora no puede caminar sin encorvarse.

No hay nada, todo está cerrado, no hay rastro de vida, ni una tienda, ni un OXXO, nada. Tendrá que aplicarla en la calle y comenzar a despedirse de sus calcetines… De repente escucha algo de música algo lejos, un sonido profundo, viene de un desnivel cercano al metro.

Christian: Seguro por ahí debe haber baño y si no pues “ni Pedro, Pablo”, al menos ahí está medio escondidito.

Al descender por una de las entrañas de la ciudad, Christian encuentra lo que parece ser su mejor esperanza de un “baño decente”: un tugurio de taxistas llamado “Apocalipsis” que pasaron el año nuevo entre luces de neón fundidas, ficheras y cierta pestilencia no identificable, pero eso sí, las chelas más muertas de Calzada de Tlalpan. El diarreico y crudo muchacho se acerca al bartender:

Christian: Oye mano, déjame pasar a tu baño ¿va, pa’?

Bartender: Híjole chavo, lee el letrero, sólo para clientes. O le bebes, o las mueves o a la chingada.

Christian decide pedir una cerveza pa’ asnetar la pancita y pagar su boleto de entrada (o de salida) y el bartender le indica la puerta hacia el trono del lugar, mientras iba desabrochándose el pantalón decidido para llegar a vaciar el intestino es testigo de lo que parece la peor escena postapocalíptica que haya visto en su vida: mierda por todas partes, lavabos rotos, sangre, mocos y condones: –¿Quién podría coger ahí? Prefiero la calle. Y justo cuando se decidía a salir, llegó la tercera llamada burbujeante que comenzó a expandirse de arriba a abajo desde su intestino delgado hacia cada parte del resto de su cuerpo.

El salvador del Apocalipsis, Don Felipe

Diez minutos más tarde, después de varias mentadas de madre e intentar -sin éxito- contener la respiración, Christian logra salir ileso, gracias a la táctica “de aguilita” (aunque nunca antes la había practicado), sin rozar un solo centímetro del escusado o los pegajosos papeles marrón que tapizaban las paredes del baño. Con el espíritu renovado y varios kilos menos encima, verifica la hora para asegurarse que da tiempo de acabar con la Victoria obligada, le da un trago y se sienta en un banquillo de la barra junto a un señor bonachón y corpulento que le estira un “salud”, comienzan a intercambiar palabras y lo que era una chela se conviertió en 6 cubas copeteadas.

Don Felipe: Yo voy pa’ya chavo, ay tengo mi taxi, si quieres te puedo dar un ride, pero tú pones las camineras.

Christian: Ya está Don, la última y nos vamos.

Por fin se llegó por la tía Conchita

Cuatro cubas más tarde y después de haberla conectado, el nuevo par de aliados se dispone a continuar rumbo al aeropuerto, y aunque están a menos de 10 minutos de que la tía Conchita arribe desde Miami y aún están a más de 13 km de distancia, Don Felipe demuestra sus habilidades al volante con varias camineras en el portavasos en un camino sin tráfico, llegan derrapando a la entrada del aeropuerto a las 15:00 hrs, una hora después que aterrizaba la tía.

Mientras los aliados corren hasta la puerta 4 de la terminal 2 del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, Don Felipe sostiene un cartel improvisado para recibir la famosa tía Conchita que corre hacia ellos en cuanto vislumbra los ojitos conocidos del sobrino Christian y los tres se funden en un abrazo eterno, mientras entre saludos y besos se disponen volver a casa rápidamente, pues se acaba de desatar una trifulca entre federales, pilotos y azafatas de Mexicana de Aviación que llevan años plantados protestando. Las nuevas amistades y parientes reencontrados huyen hacia el taxi originario de la Portales para aventurarse a continuar la travesía de este 1° de enero, de regreso a Xochimilco.