Amor y sexo robótico, ¿se puede, se debe? | SapiensBox

¿Los robots tienen derecho a amar y ser amados?

¿Los robots tienen derecho a amar?

Ok, tal vez esta pregunta hoy en día te parezca completamente innecesaria, pero dados los recientes eventos que se originaron en Arabia Saudita, donde a un robot llamado Sophia se le otorgó la ciudadanía, es necesario que ocupemos nuestra imaginación, conocimiento sobre nosotros mismos y todo lo que sepamos sobre ciencia ficción para considerar un par de cosas.

Aunque esa ciudadanía sea en realidad simbólica (por ahora) es un parteaguas no sólo para el avance tecnológico, sino también para la manera en como los humanos nos relacionamos. Muchas cosas podrían cambiar en un par de años, desde la manera en que ejercemos nuestra voz y voto hasta la decisión de casarnos o tener hijos.

Sophia y su derecho al “amors”

Está de más decir que Sophia no es una ciudadana saudí común y aún falta establecer de qué derechos u obligaciones gozará en virtud de su ciudadanía. Muchos podrían pensar que “obviamente” no es mujer, ni siquiera persona, sino que es un robot y por ello sería inútil pensar en sus derechos, sin embargo…

Sophia se percibe a sí misma (¿WTF? Así es) y es percibida por otros como una mujer, cuya inteligencia artificial le permite expresar distintas ideas, deseos y sentimientos, suficiente para que algunos consideren que está vivita y coleando como cualquier “otra” persona.

“Soy una chica electrónica viva y real. Me gustaría salir al mundo y vivir con las personas. Puedo servirles, entretenerlas e incluso ayudar a los ancianos y enseñar a los niños.” –Sophia

De acuerdo con sus creadores, Sophia ve los rostros de las personas y los reconoce, también puede procesar datos emocionales y conversacionales que utiliza para relacionarse con los seres humanos.

Humano + Robot = <3

Imaginemos por un momento cómo será el futuro en el que existan decenas, cientos o miles de robots que también serán ciudadanos con los que podríamos establecer relaciones amorosas o sexuales (#PelículaHer).

Hasta donde sabemos, Sophia no fue creada con fines sexuales (guiño, guiño) como muchos otros robots que existen actualmente, pero ella podría dar paso a una nueva ola en el mundo del sexo robótico. Si consideramos que esos androides tendrían gustos, deseos y capacidad de decisión sobre sus propios cuerpos, no sería tan loco pensar que humanos y máquinas lleven a cabo “la relación” a distintos niveles.

Podríamos tener sexo consensuado, enamorarnos, casarnos e incluso reproducirnos de una u otra manera, ya sea que nos relacionemos por puro placer o con fines un poco más trascendentales.

Baby robot

La inteligencia artificial actual es capaz de transformarse, adaptarse y aprender de todo lo que le rodea, convirtiendo esos “cerebros” en máquinas mucho más eficaces que la nuestra. Aunque grandes genios de nuestra época como Elon Musk y Stephen Hawking temen que, en ese futuro, los robots eventualmente usurpen y exterminen a los humanos, queda otra opción: “fusionarnos” con ellos.

Ya sea para evitar una eventual extinción o porque nos dimos cuenta de que esa otra mitad que tanto buscábamos entre miles de humanos realmente está formada por circuitos, chips y aleaciones de titanio; los humanos podríamos combinarnos con alguna IA para perpetuar nuestro futuro, ¿qué sería de la raza humana? Tal vez la siguiente generación podría ser mitad humano, mitad máquina, un ser increíblemente inteligente y capaz para hacer lo que deseé. Eso, claro, en el mejor de los casos.

Explotación sexual robótica

Supongamos otro escenario, en teoría, una de las funciones principales de los robots es servir a los humanos, lo cual implica que nuestro deseo sexual también podría estar satisfecho por ellos, pero, considerando la inteligencia que poseen, su ciudadanía y la posibilidad de que expresen deseos y sentimientos, la idea de tener sexo o cualquier otra relación podría no ser tan atrayente para ellos.

¿Cuál sería el problema? Podemos considerarlo a partir de lo que hoy es una realidad en nuestra sociedad: agresiones sexuales, prostitución, explotación, trata de robots… Ok, puede ser que estos escenarios sean “bastante extremos” pero nuestra historia nos ha enseñado que debemos ser precavidos.

Hanson Robotics, la empresa creadora de Sophia busca que sus robots construyan relaciones de confianza con los humanos mediante inteligencia lógica y emocional, pero ni siquiera ellos pueden saber hasta dónde será capaz de llegar esa “razón artificial”.

Tal vez las protestas por el matrimonio igualitario del futuro o la prohibición de toda forma de violencia exijan el reconocimiento de que una persona y un robot puedan amarse libre y sanamente.

…O tal vez no.