Bitácora electoral 5: Previo al último debate | SapiensBox

A tres semanas de las elecciones, arrecia la guerra por el segundo sitio en las encuestas.

El tercer debate significa el último chance que tienen Ricardo Anaya y José Antonio Mede para cambiar el escenario que, pese a todo, aún no está escrito en piedra, aunque para ello deberán hacer una proeza como no lo han hecho a lo largo de la campaña. ¿Qué podemos esperar de los candidatos en este último debate?

Más allá de que los temas principales del debate serán Economía y Desarrollo, el encuentro estará marcado por las acusaciones de corrupción contra Ricardo Anaya.

El reciente video publicado en redes en el que se detalla el supuesto modus operandi por el que presuntamente Anaya se habría beneficiado con la compra-venta de terrenos y naves industriales en Querétaro recrudecen el ambiente y representan una bomba a menos de tres semanas de las elecciones presidenciales.

Pero independientemente de si la difusión de dicho video constituye efectivamente una forma de guerra sucia del gobierno contra el candidato del Frente, lo verdaderamente importante en este punto es el impacto que pueda tener en la recta final de la campaña.

Tres hipótesis

La reyerta sin fin entre Ricardo Anaya y José Antonio Meade, entre acusaciones de “lavador” y “cínico”, puede suponer que ambos terminen anulándose y dejen el camino libre al tabasqueño, quien ha conseguido capitalizar el pleito entre ambos.

Sin embargo, José Antonio Meade parece insistir en la confrontación, de ello dio muestras al llegar al aeropuerto de Mérida, donde llamó a Ricardo Anaya un “vulgar ladrón”. El tono enfurecido de la arremetida parece ser la nueva estrategia de Meade para dañar al queretano en busca del segundo sitio en el tablero electoral. Por su parte, Anaya no se quedó atrás y llamó a José Antonio Meade “mosca muerta”. Con esto, se calientan los motores previos al tercer debate.

Una segunda posibilidad es que los videoescándalos terminen beneficiando a Anaya. El hecho de que la trama donde lo “embarran” en un complejo esquema de uso privilegiado de información para beneficiarse económicamente, deja mucho espacio a la especulación, y más si a eso se le añade que la PGR sigue sin actuar ante tales evidencias.

Si Anaya sabe manejar cuidadosamente la información que tiene, puede presentarse ante los ojos del auditorio como víctima del sistema. Todo dependerá de él y de su desenvolvimiento en el debate, en cuyo caso deberá enfocarse en convencernos a todos de que el PRIMOR (el pacto entre el PRI y MORENA) existe.

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Una tercera posibilidad es que José Antonio Meade salga fortalecido del debate, termine por evidenciar la corrupción de Anaya y demuestre su expertise en temas sobre economía y desarrollo.

Este escenario no es del todo descabellado si advertimos que Meade ha tenido un crecimiento en las mediciones de las últimas semanas, sobre todo después del segundo debate presidencial.

La esperanza de la campaña priista estaría puesta en volver al empate técnico con Ricardo Anaya y zanjar de una vez por todas la lucha por el segundo lugar. En el último tramo de la campaña, Meade podría orientar el voto útil a su favor y desbancar al Frente. Aunque con pocas expectativas de triunfo por el poco tiempo que le queda, Meade se enfocaría en retener lo más posible para su partido y ensanchar su presencia en las Cámaras.

Como sea, lo más que puede modificar este último debate presidencial es la percepción que se tenga sobre quién ostenta el segundo lugar, uno que hasta ahora parecía ser de Anaya, pero que con los recientes escándalos lo vuelve a poner en entredicho.

En ese sentido, a menos que pase algo verdaderamente extraordinario, el único reto para AMLO será el de mantener la ventaja y quizá mostrar una faceta más presidencial, de cara a la parte del electorado que se sigue sintiendo inquieto por la falta de seriedad y de preparación que demostró, por ejemplo, en el debate pasado.

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