Bob Dylan: El Rolling Stone | SapiensBox

Bob Dylan, el artista folk que creó la mejor canción de rock de todos los tiempos.

En 1965, el rock dominaba la escena musical mundial y contaba con grandes estrellas. The Beatles habían conquistado el mundo dos años antes con I want to hold your hand y The Rolling Stones lanzaban su segundo disco, con un sonido que evolucionaba rápidamente hacia el R&B y el blues. Ese mismo año, Bob Dylan, un artista reverenciado como una especie de joven mesías de la cultura popular norteamericana estaba a punto de transformarse además en una estrella del rock, al producir la mayor de todas las canciones del género: Like a Rolling Stone.

Dylan es el amo de las transformaciones. Primero dejó atrás su nombre, Robert Zimmerman, y se transformó en el salvador de la música folk –en el redentor del espíritu americano más profundo– y alcanzó la fama y la categoría de iluminado. Cuando esa camisa le empezó a quedar chica, a pesar de la reacción furiosa de muchos de sus seguidores, dio un paso más: electrificó su sonido y salió a cantar con la furia de quien le espeta al mundo en la cara un: a ver, ¡qué se siente!

Like a Rolling Stone fue, en palabras de Dylan, “como un vómito”. Había trabajado en los versos como por impulso; el manuscrito de las letras era un poema de 10 páginas. Del 15 al 16 de junio, en los estudios de Columbia Records en Nueva York, Dylan convocó al guitarrista de blues Mike Bloomfield, para decirle de inmediato que no quería que sonara a blues, sino que se dejara guiar por él. Se le unieron Paul Griffin al piano, Bobby Gregg en la batería; el músico de folk, Bruce Langhorne, para tocar la pandereta y Joe Macho en el bajo. A pesar de que no se esperaba que la canción fuera un gran éxito comercial, se convirtió en el single más vendido de Dylan.

Like a Rolling Stone: la mejor canción de todos los tiempos

El término “Rolling Stone” se refiere a una persona que se niega a asentarse por mucho tiempo en un mismo lugar, alguien con una inquietud que le domina; de algún modo, es una frase que capturaba el espíritu de la época y del rock mismo; no es gratuito que una de las mayores bandas del rock y la revista más importante dedicada al tema hayan retomado esa misma frase para sus nombres. Pero la temática de la canción contrasta enormemente con el tono típico de la música popular de la época, que se concentraba en temas vinculados con el amor romántico. Like a Rolling Stone, en cambio, es hostil y liberadora al mismo tiempo, plantea la realidad de la soledad y de la desgracia; se burla de quien lo ha tenido todo y luego lo pierde, tiene un cierto sabor a revancha, pero simultáneamente muestra empatía por esa realidad, que es de algún modo compartida por el propio autor.

En el libro Bob Dylan: Behind the shades de Clinton Heylin se recogen reacciones de músicos de la época, como Paul McCartney, que recuerda haber ido a casa de John Lennon a escuchar Like a Rolling Stone por primera vez y haber sentido que la canción era eterna y que de algún modo demostraba que se podía ir más lejos con la música. Frank Zappa dice que cuando la oyó por primera vez pensó en retirarse de la música, pues si Like a Rolling Stone tenía el impacto en la gente que debía tener, ya no había nada más que él tuviera por hacer.

Más de 50 años después de su producción, y cuando Dylan ha sido reconocido incluso con el Premio Nobel de Literatura –“por haber creado nuevas expresiones poéticas al interior de la gran tradición de la canción americana”– Like a Rolling Stone se ha convertido para el rock en lo que El ciudadano Kane es para el cine: el referente para todos los demás. No por nada, la revista Rolling Stone la considera la mejor canción de todos los tiempos.