¿Deberíamos haber dejado que el panda se extinguiera? | SapiensBox

Los panda son la víctima perfecta de la selección natural, ¿deberíamos dejar que la naturaleza siga su curso?

El majestuoso panda gigante es la imagen oficial del Fondo Mundial para la Naturaleza, y del movimiento de conservación de las especies en general; y con razón: no sólo es una especie que dejó de estar en peligro de extinción en 2016 (lo que supone un éxito rotundo, después de más de 30 años de esfuerzos internacionales), sino que, por su apariencia, es perfecto para abanderar cualquier causa.

Y es que ¿a quién podría no gustarle una criatura adorable, de formas redondeadas, colores contrastantes y con apariencia de peluche?

Pero tal vez sea nuestra proclividad a favorecer la belleza, lo que explique por qué la humanidad ha destinado tantos recursos a lo largo de décadas a salvar una especie especialmente costosa, mientras otras 20,000 especies están al borde de la extinción.

Son la víctima perfecta de la selección natural

Si nos pusiéramos darwinianos, habría que admitir que los pandas llevan la de perder en la lucha por la sobrevivencia de las especies: sus ciclos reproductivos son extremadamente breves –con hembras cuya fertilidad puede durar dos días al año– y sus costumbres alimenticias son poco flexibles, básicamente, el 99% de su dieta consiste en cañas de bambú, a pesar de que su sistema digestivo es más propio de un animal carnívoro, por lo que tienen una digestión más bien complicada. En síntesis, son la víctima perfecta de la selección natural.

Para colmo, mantener un panda es 5 veces más caro que mantener un elefante; y no sólo porque sus necesidades son mucho más exigentes que las de otras especies, sino que, además, los pandas gigantes –como especie endémica de China– se encuentran bajo un régimen especial, por el que los otros países deben pagar al gobierno chino hasta 1 millón de dólares al año por mantener un panda en su territorio.

Entretanto, otras especies amenazadas, tanto por la devastación de su hábitat como por la cacería furtiva, se aproximan al peligro de extinción. Por ejemplo, de acuerdo con Carlo Rondinini, coordinador del programa global de evaluación de mamíferos, perteneciente a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, los seres humanos somos los únicos grandes simios que no se encuentran en peligro de extinción.

Y no, no se trata de dejar morir al panda gigante para salvar a las morsas, las tortugas o los gorilas, pero es cierto que tenemos pendiente una seria conversación acerca de cómo distribuir de manera más racional los recursos limitados con los que contamos para evitar que el mayor número posible de especies llegue a su desaparición, aun tomando en cuenta que la extinción ha formado parte del proceso de evolutivo de desde millones de años antes que el ser humano apareciera sobre la faz de la tierra.