Dragon Ball Super: expectativas y temores | SapiensBox

El 1 de octubre de 2017 sucedió lo que muchos fanáticos esperaban: el estreno de Dragon Ball Super en la televisión abierta.

El 1 de octubre de 2017 sucedió lo que muchos fanáticos esperaban: el estreno de Dragon Ball Super en la televisión abierta.

Dragon Ball Super nos cuenta la historia canónica —basada en guiones para la televisión, escritos por el mangaka Akira Toriyama— de Son Goku y compañía en un periodo de tiempo ubicado entre la derrota de Majin Buu y el final de Dragon Ball (o de Dragon Ball Z, en el anime), mandando al baúl sin fondo de los spin-offs -o al basurero de los hubiera- a Dragon Ball GT, su continuación espuria.

Esta noticia ha atraído la atención hacia dos temas sensibles cuando se habla de animación japonesa en México: el doblaje y la censura. En conjunto o por separado, cada uno de estos elementos puede jugarle a favor o en contra a un anime, consiguiéndole el éxito rotundo o el rechazo total.

En el ámbito de la censura, existen antecedentes importantes. En su momento, la serie conocida como “Saint Seiya” llegó a España, a México y a otros países fuertemente católicos, traducida como “Caballeros del Zodíaco”, para evitar ofender a los creyentes (resultaba más sencillo hablar de un “Caballero” defendiendo a una diosa mitológica, que de un “Santo” que mataba a diestra y siniestra sin hacer milagritos).

Las políticas comerciales y la corrección política de Cartoon Network, terminaron por desvirtuar personajes enteros, por medio del doblaje al inglés.

Si bien, esa forma de censura no afectó la calidad de la serie ni en Latinoamérica ni en Europa, no se puede decir lo mismo de los Estados Unidos, donde fue estrenada casi 20 años después que en Japón, y en donde entre las políticas comerciales y la corrección política de Cartoon Network, terminaron por desvirtuar personajes enteros, por medio del doblaje al inglés. Un caso paradigmático es Hyoga de Cisne (personaje mitad ruso y mitad japonés, de carácter melancólico), que fue convertido en un “surfista”, para hacerlo ver más cool y relacionable con la audiencia (aunque nunca se vio ni una sola escena donde saliera con su tabla a conquistar las olas de Japón). Otro ejemplo de estas modificaciones fue la censura de todas las escenas de combate sangriento de la serie, en muchas de las cuales se cambió el color de la sangre de los personajes (haciéndola verde o azul) para que los niños de EUA no se asustaran ni tuvieran pensamientos relativos a la muerte.

Pero el doblaje —glorificado por los fans más nostálgicos— también puede ser clave en una exhibición mediocre de estas historias. Errores que pueden ser atribuidos a la traducción (por ignorancia de los términos o de la cultura japonesa), a la dirección (por el uso de coloquialismos o la “tropicalización” de términos, para que suenen más “graciosos”), a la actuación (una mala dicción, improvisaciones chungas o un mal reparto en general), o a la suma de estas tres, lo que en definitiva puede arruinar parlamentos o personajes en su totalidad. Un ejemplo está en el anime de B’t X —doblada al español en Estados Unidos— que convertía inexplicablemente al protagonista de nombre “Teppei Takamiya” en “Marlon de Quevedo”, una práctica desagradable, realizada en todo el reparto de personajes de dicha serie, con el fin de castellanizar todos los nombres japoneses.

Algo que no gustó mucho a los fans de DBS cuando se estrenó en Cartoon Network fue la adaptación del tema de entrada «Chōzetsu☆Dainamikku!»

En ese aspecto, en México ocurrió algo parecido con Captain Tsubasa (Los Súper Campeones), aunque con la diferencia de que los nombres se tradujeron como si fueran de habla inglesa, encontrando de esta forma a Tsubasa Oozora convertido en “Oliver Atom”, a Kojiro Hyuga en “Steve Hyuga”, a Genzo Wakabayashi en “Benji Price” o al brasileño Roberto Hongo en “Roberto Sedinho” (para los traductores, Sedinho tenía más sentido que Hongo).

Muchos de estas pifias inexplicables del doblaje mexicano también se pueden encontrar en la antes citada Saint Seiya, en donde el término nórdico “Valhalla” era pronunciado como “Guarujara”, “Guarumara” o “Valaya”, y ni qué decir de la infame escena en la que Shun de Andrómeda (interpretado por Pepe Vilchis) se refiere a Saga de Géminis como “Caballero de Junini”, o aquellas escenas en donde Death Mask de Cáncer (cuya voz pertenece al actor Daniel Abundis), se refería erróneamente a la técnica especial de este personaje como “Proyección Galáctica”, o peor aún, como “Proyección Galán” (un término incomprensible, a menos que fuera un mirrey de La Condesa), en lugar de pronunciarlo por su nombre original en japonés, “Seki Shiki Meikai Ha”, o en su defecto utilizando cualquiera de las dos traducciones más cercanas y aceptadas, es decir “Ondas Infernales” u “Ondas del Inframundo”.

«Vuela, pega y esquiva…»

El regreso de Dragon Ball es un motivo de alegría para sus fans, ya que Candiani Studios de México ha logrado traer de vuelta al 95% de las voces originales (exceptuando a aquellos actores que fallecieron o los que se han retirado), así que solamente resta esperar a que la calidad del doblaje sea acorde a nuestros tiempos, y que no se repitan aquellos errores que los doblajes latinoamericanos suelen cometer con tanta normalidad (y con el beneplácito de los televidentes).