¡El amor no es así, no mam3n! | SapiensBox

El amor no es como se ve en el cine, pero es mejor, porque es real.

¡El amor! ¡El amor! ¡Sí, su ardor ha perturbado todo mi ser! La célebre aria, Ah, lève toi, soleil, del segundo acto de la ópera Romeo y Julieta, de Charles Gounod, empieza con esas maravillosas palabras.

Y, ciertamente, todos los que nos hemos enamorado alguna vez (o varias) podemos identificarnos con esa sensación de ser sobrecogidos por un sentimiento poderosísimo, que nos absorbe y nos subyuga. Pero por más románticos y cariñosos que nos queramos poner, es difícil que al romper el alba podamos decirle al ser amado: levántate, sol, haz palidecer a las estrellas, sin que la persona en cuestión nos vea con cierta preocupación.

No pretendo decir que el amor no sea la emoción más intensa o, por lo menos, una de las más intensas que experimentamos los seres humanos; pero sí parece útil hacer una distinción entre la realidad del amor y la representación que hacemos del amor; porque de la confusión entre esas dos cosas muchas veces se derivan problemas que terminan afectando nuestra vida emocional y de pareja.

Los símbolos, los gestos, las palabras son instrumentos que empleamos para significar una experiencia que de otro modo nos resultaría incomunicable. Tú puedes, por ejemplo, preguntarle a tu pareja si te quiere, incluso, si te quiere mucho, y seguramente te responderá que sí (por algo está contigo), pero es imposible que sepas con seguridad si lo que esa persona siente es realmente lo que mismo que tú sientes cuando dices que le quieres, y menos aún si la intensidad de ese sentimiento es comparable o no con la de tu amor. Necesitamos realizar de algún modo lo que sentimos; para eso, los seres humanos nos hablamos, nos tocamos, nos besamos, nos hacemos regalos, tenemos sexo, pasamos el tiempo juntos, incluso desarrollamos rituales que expresen de algún modo el amor que sentimos.

Pero llevar a cabo todo ese performance no es lo mismo que amar. Algunas personas aman intensamente y, sin embargo, nunca dicen “te amo”, ni se sienten cómodas con las muestras públicas de afecto. Del mismo modo, hay quienes tienen grandes gestos de amor con sus parejas, publican cada mensaje y cada fotografía de su relación romántica y la viven con mucha intensidad, pero lo hacen más bien por el placer o por la emoción de involucrarse en toda esa vorágine, aunque su amor sea variable como “la inconstante luna, que cada mes cambia al girar en su órbita”, para usar las palabras de la Julieta de Shakespeare.

Ninguno de esos extremos es malo en sí mismo –siempre que no se lastime a las personas involucradas– y, además, la mayoría de las personas no conducen sus relaciones de esa forma; sino que, casi todas las parejas van desarrollando su propia manera de ubicarse en un punto medio. Lo que sí parece un poco más común es que haya una cierta distancia entre lo que cada quien considera como un ideal del amor y la realidad de lo que vive en sus relaciones amorosas. Y esa distancia puede llegar a ser fuente de frustración o de dolor, por lo que es necesario tomar conciencia al respecto y tratar de asumir la situación de modo sano.

Por ejemplo, si esperaras vivir una gran historia de amor, en la que conozcas a una persona, conectes con ella en el nivel más profundo, se cuenten sus pensamientos más íntimos y resulte que compaginan a la perfección, además, compartan momentos dignos de que los vea todo el mundo y sean capaces de superar cualquier dificultad para poder estar juntos por siempre… lo más seguro es que tu relación con ese amigo de la universidad, el noviazgo con esa compañera del trabajo o con ese primo de tu mejor amiga te desilusione un poco.

Y, sin embargo, eso no quiere decir que tu amor sea menos puro, menos intenso o menos legítimo que el de Orfeo, que descendió al inframundo por Eurídice, o el de Romeo y Julieta que prefirieron morir a separarse. Por el contrario, lo que significa es que tu amor sí es real, con todas las restricciones, los defectos y las rutinas que tiene la vida de los seres humanos reales.

De vez en cuando llega la ocasión de expresar el amor de manera extraordinaria, pero el amor no tiene por qué ser extraordinario, si lo fuera, no se podría vivir en pareja, porque la vida –aunque a veces se nos olvide– es de lo más ordinario que hay en este mundo. Así que, si tienes a alguien a quien amar y que te ame, no te digo que no te esfuerces o que no construyas lo mejor que puedas con esa relación, ni mucho menos que te conformes con algo que no te satisface, pero tampoco te embrolles preguntándote si debería ser de otra forma, ni pierdas la oportunidad de ser feliz por complicarte con ideal. Mejor disfruta la realidad como venga, que ahí es donde está la verdadera aventura.