El mejor presidente de México | SapiensBox

Hasta los mejores tienen claroscuros.

Los hombres que han ocupado la presidencia de la república, desde Guadalupe Victoria hasta Enrique Peña Nieto, representan un mosaico, digamos, variopinto; pero en términos generales, los mexicanos estamos más acostumbrados a ver nuestros presidentes como villanos que como héroes.

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Siendo así, en medio de un mar de mediocridad –cuando no de abierta vileza– debería ser fácil responder a la pregunta de cuál ha sido el mejor presidente de México… ¿O no?

Hay tres figuras recurrentes cuando se trata de señalar buenos presidentes de México: Juárez, Madero y Cárdenas. De hecho, el actual candidato a la presidencia que va a la cabeza en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, ha reiterado muchas veces que esos son los modelos en los que se inspiraría.

Y no es algo exclusivo de AMLO, para muchos mexicanos, esos son los mejores presidentes de nuestra historia, y no es casual que así sea.

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Juárez es el presidente que restauró la república luego de la invasión francesa y el imperio de Maximiliano, además de haber sido parte de la generación liberal, que llevó a cabo la gran reforma estructural del siglo XIX mexicano. En términos históricos, Juárez representa la base sobre la que se construyó ideológica y políticamente el México moderno.

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Madero, además de ser la figura que encarna el inicio de la revolución mexicana, representa al presidente en la historia de México con un mayor compromiso democrático. En su breve gobierno, de poco más de un año, el país el país tuvo, por primera vez, procesos electorales libres a nivel estatal (él mismo llegó a la presidencia con base en una elección incontestable); además de que la prensa experimentó un nivel de libertad nunca antes conocido.

Durante la administración cardenista, el Estado mexicano inició propiamente la institucionalización de los logros de la revolución, además de haberse convertido en un referente internacional.

A Cárdenas se le recuerda especialmente por la expropiación petrolera, y es un hecho que su decisión le aseguró al país recursos que fueron fundamentales para el crecimiento de nuestra economía, además de que a nivel simbólico fue visto como una valiente defensa de la soberanía nacional. Pero, además, el gobierno de Cárdenas se distinguió por emprender una amplia política social, que incluyó medidas específicamente orientadas a los sectores obrero y campesino. Durante su administración, el Estado mexicano inició propiamente la institucionalización de los logros de la revolución, además de haberse convertido en un referente internacional, por ejemplo, por su recepción de los exiliados de la guerra civil española, gracias a los cuales, la vida social y cultural mexicana experimentó una explosión muy importante.

Díaz consiguió la pacificación y la primera gran modernización del país, así como el saneamiento de las finanzas públicas.

En contrapartida, una parte de la sociedad mexicana siempre ha considerado a Porfirio Díaz como el mejor presidente de la historia de México. No les faltan argumentos. El General Díaz llegó a la presidencia de un país que estaba profundamente endeudado, que había pasado medio siglo de guerras civiles, luchas intestinas entre la clase política, intervenciones militares extranjeras y falta de crecimiento económico. En su largo gobierno consiguió la pacificación y la primera gran modernización del país, así como el saneamiento de las finanzas públicas.

Con todo, a Juárez se le reprocha una vena dictatorial, interrumpida por su muerte, y no haber conseguido que sus reformas repercutieran en crecimiento y bienestar para la población en general, además de su relación de dependencia con los Estados Unidos, la clase empresarial mexicana y la afectación que las leyes de reforma tuvieron, no sólo para la Iglesia, sino también para los pueblos indígenas y los núcleos rurales comunitarios. De Madero se puede decir que a pesar de haber logrado encender la lucha revolucionaria fue un político poco hábil para conseguir la restauración del orden y tuvo muy poco tiempo para emprender verdaderas reformas de la vida nacional. Cárdenas fue el verdadero iniciador del modelo presidencialista autoritario del régimen del PRI, y Díaz fue definitivamente un dictador que, al final de su gobierno, había sido rebasado por las oligarquías y había generado un sistema social profundamente inequitativo.

Es claro que a nivel unipersonal, hasta los mejores tienen graves defectos.