El mito de la conectividad | SapiensBox

El ordenador y el móvil nos han hecho menos persuasivos de lo que creemos.

Cuando en 1973, Martin Cooper creó el primer teléfono móvil, seguramente pensó que iba ser el inicio de un mundo intercomunicado, aquel donde las personas pudieran contactarse de forma casi inmediata con cualquier habitante del planeta con sólo apretar un par de botones.

La interconectividad que llegó más tarde con el internet, la bandeja de entrada o el WhatsApp, nos permitió estar más comunicados que nunca, ser más eficientes en nuestras conversaciones y entender el mundo a la misma velocidad con la que se mueve la información.

Se ha dicho que el logro de la conectividad ha sido la comunicación efectiva. Sin embargo, parece que no todo lo que brilla es oro en la era de la comunicación digital. A través del ordenador o el móvil somos menos persuasivos de lo que creemos.

Una de las conclusiones del estudio Ask in person: you are less persuasive than you think over email1, es que los servicios de mensajería como WhatsApp o Facebook Messenger no son tan eficaces como pensábamos.

Las investigaciones revelan que cuando escribimos mensajes -por ordenador o móvil- tendemos a sobrevalorar nuestra capacidad de convencer a los demás, mientras que sobreestimamos los encuentros cara a cara.

Durante el experimento, un grupo de estudiantes debía pasar una encuesta al mismo número de personas por correo y cara a cara. Los resultados comprobaron que las peticiones en persona fueron 34 veces más eficaces que las que se enviaron por correo electrónico. El resultado concuerda con otras investigaciones que demostraron este mismo punto.

La gente tiende a pensar que los mensajes instantáneos o los correos electrónicos pueden causar el mismo efecto que los contactos cara a cara o incluso uno mejor, sin embargo, una de las razones por las que no sucede así es que, con la conectividad, las personas también tienden a confiar menos en la privacidad de la comunicación.

El correo electrónico o los mensajes de WhatsApp están expuestos a fallos de seguridad que no existen en el contacto personal. La interconexión nos ha dado claras muestras de sus propios límites y riesgos: la filtración de información, la alteración y el espionaje. Todo esto nos ha conducido a una barrera de la comunicación centrada en la desconfianza; una barrera que puede ser más fácil de sortear cuando hablas con alguien en persona.

Otro de los problemas que han surgido con la conectividad digital es que la dependencia personal a los distintos medios de comunicación con los que contamos comienza a tener efectos psicológicos adversos.

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Chicago, la presencia de teléfonos Inteligentes daña nuestra capacidad cognitiva -incluso cuando el dispositivo está apagado- por lo que existe una creciente preocupación de que la tecnología está limitando severamente la capacidad de las personas para enfocarse y posiblemente está disminuyendo el coeficiente intelectual.

Paradójicamente, parece que la conectividad puede estar interfiriendo con nuestra capacidad de comunicación, con nuestra privacidad y con nuestra inteligencia. Después de todo, el contacto personal exige una respuesta inmediata e implica poner mayor atención a tus interlocutores, dos cosas muy poco valoradas hoy en día.