El mito refrito | SapiensBox

La religión más popular del planeta ha tomado prestados muchos de sus mitos.

Para explicar el mundo, la humanidad ha recurrido a historias y mitos, se ha valido de dioses y héroes que dan estructura a la narrativa que hacemos de nuestra propia realidad.

Al principio se veneró a los elementos y al sol, el rey supremo, vencedor de la oscuridad en una eterna (y diaria) batalla contra las tinieblas. Del animismo pasamos al politeísmo, cada atributo de la naturaleza o los fenómenos cotidianos se atribuyeron a una figura divina; así nacieron los panteones, llenos de dioses responsables de la suerte del mundo y sus habitantes.

Y aunque tuvo que pasar mucho tiempo para que el monoteísmo llegara a convencer a las masas, al final, vivimos en un mundo mayoritariamente monoteísta, que pone su fe en un dios originado en la tradición hebrea: Yahvé.

Las religiones abrahámicas, empezando por el judaísmo, no tienen más de 4000 años de existencia, por lo tanto, hubo mucha historia antes que ellas y una gran cantidad de mitos que adaptar y modificar, aquí les dejamos algunos:

El Diluvio Universal

El mito del diluvio universal encontrado en el Génesis (6-8) en realidad es una antigua historia sumeria, sabemos de esto gracias a una tablilla encontrada en la ciudad de Nippur y a la Epopeya de Gilgamesh, en la que el protagonista busca a Utnapishtim el Lejano, quien tomaría el nombre de Noé en el relato bíblico.

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El la historia sumeria los dioses castigan a los «cabezas negras» enviando una catástrofe natural, de la que se salva un hombre, llamado Ziusudra, constructor de una embarcación en la que se refugiarán las diferentes especies animales.

Esta historia también está presente en la literatura asiria, donde nuestro héroe toma el nombre de Atrahasis, posteriormente este mito se incorporaría a la Epopeya de Gilgamesh y de ahí, seguramente, al Génesis.

Fun fact: Ziusudra era un Rey, no sólo un hombre random justo, como Noé.

Ziusudra oyó a su lado,
estando de pie en el lado izquierdo del muro[…]:
“Junto al muro, yo te diré una palabra, (escucha) mi palabra,
presta oído a mis instrucciones:
Un diluvio va a inundar todas las moradas, todos los centros de culto,
para destruir la simiente de la Humanidad[…].
(Tal) es la decisión, el decreto de la Asamblea (de los dioses).
(Tal) es la palabra de An, Enlil (y Ninhursag).
[…]la destrucción de la realeza.

El niño que vino con el río

Otro personaje que tiene un símil bíblico es Sargón de Acad, creador del primer imperio registrado en la historia, el imperio Acadio.

Miren lo que decía en su «biografía»:

Mi madre, gran sacerdotisa, me concibió y me dio a luz en secreto. Me puso en un cesto de juncos y selló con betún sus aberturas. Me puso en el río, que no se alzó contra mí. El río me llevó hasta Akki, el escanciador del agua. Akki, el escanciador del agua, me sacó cuando hundía su cubo en el río. Akki, el escanciador de agua, me adoptó como hijo suyo y me crió.
Akki, el escanciador de agua, me designó su jardinero. Siendo jardinero, Ishtar me otorgó su amor. Y así fue como ejercí la realeza durante cincuenta y seis años. Goberné y regí al pueblo de los cabezas negras [sumerios] …”

Ahora veamos la historia de un conocido nuestro, Moisés:

Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses. Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una canasta de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso entre el carrizal a la orilla del río. Y una hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería. Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio la canasta en el carrizal, y envió una criada suya a que lo tomase. Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste. Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, a la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió. Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo adoptó, y le puso por nombre Moisés [en hebreo Mosheh], diciendo: Porque de las aguas lo saqué [del hebreo mashah].

Sargón y Moisés comparten mucho de su origen, nacen en secreto, los ponen en una canasta en el río donde una persona los encuentra, esta persona los adopta y con el transcurso del tiempo se vuelven líderes de su pueblo.

Sargón era un semita que se levantó ante la autoridad sumeria y Moisés era un semita que se levantó ante la autoridad egipcia.

No copiarás

El buen Moisés, después del éxodo, subió a una montaña donde Yahvé le dio una vara con la que podía realizar varios prodigios y de paso le otorgó los diez mandamientos, esos que seguro ni te sabes, ni cumples.

El asunto es que, dentro del Libro de los Muertos, escrito por los egipcios para ayudar a los difuntos a superar el juicio de Osiris, hay muchos preceptos que son muy similares a los escritos por Dios en piedra, veamos:

1 Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:
2 Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
3 No tendrás dioses ajenos delante de mí.
4 No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
5 No te inclinarás ante ninguna imagen, ni las honrarás; porque yo soy Yahveh tu Dios, fuerte, celoso, que castigo la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,
6 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
7 No tomarás el nombre de Yahveh tu Dios en vano; porque no dará por inocente Yahveh al que tomare su nombre en vano.
8 Acuérdate del día del sábado para santificarlo
9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra,
10 mas el séptimo día es reposo para Yahveh tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.
11 Porque en seis días hizo Yahveh los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Yahveh bendijo el día de reposo y lo santificó.
12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Yahveh tu Dios te da.
13 No matarás.
14 No cometerás adulterio.
15 No hurtarás.
16 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.
17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

Y en el libro de los Muertos:

–En verdad, vine a ti y te traigo la Justicia y la Verdad. Por ti rechacé la iniquidad.
–No herí a hombre alguno, ni hice daño a las bestias.
No cometí delito en el lugar de la Justicia y la Verdad.
No conocí mal: No actué perversamente.
–Cada día trabajé más de lo que se me pedía.
–Mi nombre no llegó a la barca del príncipe.
No desprecié a Dios.
–No causé aflicción, ni ejercí aflicción.
No hice lo que Dios abomina.
No hice que su amo obrara mal con su siervo.
–A nadie le hice sentir dolor.
–A ningún hombre hice llorar.
No cometí homicidio; ni jamás ordené a nadie que matara por mí.
–No perjudiqué a la gente.
No hurté lo ofrendado en los templos; ni robé las tortas de los dioses.
–No me llevé las ofrendas efectuadas a los bienaventurados difuntos.
No forniqué, ni mancillé mi cuerpo.
–Ni acrecenté, ni disminuí las ofrendas debidas.
No robé de los huertos; ni pisoteé los campos.
No hice agregados al peso de la balanza; ni aligeré el peso de los platillos.
–No quité la leche de la boca del infante.
–No aparté el ganado de sus apacentadores.
–No tendí trampas al ave acuática de los dioses.
–No pesqué peces con carnada de sus propios cuerpos.
–No hice regresar el agua en su marea alta.
–No interrumpí el cauce del agua corriente.
–No extinguí la llama en su plenitud.
–No descuidé las estaciones para las ofrendas asignadas.
–No alejé el ganado separado para el sacrificio.
No impedí las procesiones del Dios.

¿Qué les parece? Las buenas acciones no deben limitarse a una religión.

Debemos recordar que los hebreos fueron contemporáneos de los sumerios y los egipcios, entonces es natural que la influencia de estas culturas se hiciera presente en su tradición.

Hasta aquí los refritos, y de una vez aclaramos: Jesús y Horus no comparten fecha de cumpleaños.