El reggaetón de todos los tiempos | SapiensBox

“[El reggaetón] Me parece asqueroso. No tiene ningún valor musical, ni poético, ni orquestal, ni nada…” Declaró el cantautor cubano Pablo Milanés en su última visita a nuestro país.

Su opinión coincide con la del director de la Revista Rolling Stone México, que considera al reggaetón como un ejemplo típico de música banal, simplista y sin fondo, que a pesar de ser horrible, funciona y ambos se aproximan a su vez a la opinión –quizá más extrema– del cantante pop Aleks Syntek, que generó revuelo al declarar que lo que hacen los reggaetoneros es música porno y que el reggaetón “viene de los simios”.

En las redes sociales es fácil encontrar más o menos el mismo tipo de opinión. Algunos de los usuarios de SapiensBox nos han compartido en las secciones de comentarios que creen que el reggaetón es “caca con ruido”, “sonidos irritantes, canciones tontas, sin sentido que promueve principalmente el sexo” y que no tiene ningún mérito musical.

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En términos generales, las críticas contra el reggaetón parecen irse condensando entorno a tres temas concretos: su falta de calidad musical y temática, su hipersexualización y la misoginia de sus letras.

En contrapartida, la periodista y activista colombiana Catalina Ruiz-Navarro ha analizado –en una columna para Uforiamusica– que detrás de esas críticas se esconde también un rampante clasismo en contra del enorme público reggaetonero, pues a final de cuentas, muchos otros géneros de música popular en Latinoamérica, desde el pop hasta el vallenato (y, en el caso de nuestro país, bien podríamos agregar a la música banda y el género regional mexicano en general), pecan también de simplismo, deficiencias de composición, violencia y misoginia.

Lo cierto es que en cualquier género musical popular (e incluso dentro de los géneros considerados cultos) se puede encontrar una producción de mejor o peor calidad, y al público actual quizá le sorprenda saber que en otros tiempos, géneros que hoy se consideran respetables y hasta encomiables fueron sujetos a críticas similares a las que hoy se esgrimen en contra del reggaetón.

Sin ir más lejos, el rock n’ roll fue demonizado en su tiempo por razones muy similares. El propio nombre del “rock n’ roll” proviene del lenguaje urbano, de los barrios negros, en donde el término se usaba como un eufemismo para referirse a las relaciones sexuales. Además, la base rítmica del rock n’ roll era necesariamente simple, y en muchos casos no combinaba más de tres acordes en cada canción, pues fue creado y desarrollado por músicos no profesionales (aunque con el tiempo muchos de ellos llegaran a volverse auténticos virtuosos). Así que su simplicidad musical y temática sexual convirtieron al rock n’ roll en el blanco perfecto para el desprecio de las buenas conciencias de su época.

El tango es considerado en nuestro tiempo como un género elegante, pero a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las parejas de hombres bailaban pegado en los arrabales de Buenos Aires y Montevideo, el tango parecía todo menos un género inofensivo. Heredero de los ritmos gitanos y africanos, y con un lenguaje –el lunfardo– que era propio de los delincuentes que asaltaban a cuchillo a las orillas del Río de la Plata, el tango fue considerado no sólo música de baja ralea, sino de hecho un ritmo inmoral y peligroso; tanto que en Europa llegó a prohibirse. El periódico oficioso de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, publicaba en 1914 que el tango era una danza en la que “no se puede de ninguna manera conservar, ni siquiera con alguna probabilidad, la decencia”.

Pero entre el siglo XVI y XVII también hubo ritmos que escandalizaban a los conocedores de lo que sí es “buena música”. La zarabanda era una danza lenta, que se bailaba arrastrando los pies, dando giros con movimientos íntimos y sensuales. Se volvió popular en la época barroca y algunos de sus adeptos incluso se ponían cascabeles en los zapatos para marcar el ritmo. Se consideraba profundamente inmoral, al punto de que el poeta Rodrigo Caro pensaba que “esos lascivos bailes parece que el demonio los ha sacado del infierno”. Es muy conocida la anécdota de que Ana de Habsburgo, reina de Francia, con afán de ridiculizar al cardenal Richelieu, lo hizo bailar una zarabanda, pero el hábil político no tuvo ningún problema en hacerlo con tal de congraciarse con el poder.

Y si la zarabanda ya se consideraba inmoral, ya se imaginarán lo que pensarían los intelectuales barrocos de una danza popular y festiva de origen hispano, llamada “chacona”, que era de un ritmo vivísimo, intensamente sensual y de temática totalmente hedonista: fiestas, bailes, sexo, clases bajas y prostitución eran algunos de sus temas.

Por lo tanto, no se trata ahora de hacer la defensa definitiva del reggaetón (a mí tampoco me gusta especialmente), pero lo cierto es que los supuestos argumentos de sus detractores ya los hemos escuchado muchas veces de otros géneros que ahora están muy por encima de lo que la mayoría considera “buena música”, así que podemos irle bajando unas cuantas rayitas a nuestro clasismo cuando de crítica musical se trata.