Guía para pasar el inframundo | SapiensBox

Apunta todo lo que tienes que llevarte cuando “cuelgues los tenis” según algunas culturas antiguas.

La vida después de la muerte es una noción que se ha desarrollado en muchas culturas desde hace milenios.

En distintas épocas y con bagajes religiosos diferentes, los seres humanos han conceptualizado de muchas formas eso que viene después de morir: liberación, descanso, felicidad o tormento en distintas versiones.

Para algunos, el paso al otro mundo dependía de cómo se vivió en éste, otros creyeron que se debían pasar algunas pruebas antes de llegar ahí y que necesitarían llevar consigo un par de cosas que se tendrían que colocar junto a sus cuerpos para darles un empujoncito en su travesía desde este lado.

Por si las dudas, te dejamos un par de ideas para que las tomes en cuenta, de aquí al momento en que te toque pasar a “mejor vida”.

Egipcios

La preparación para llegar al otro mundo implicaba el rito de la momificación. El cuerpo se lavaba y los órganos eran extraídos y guardados en pequeños vasos, con excepción del corazón. Lista la momia, procedían a enterrarla junto con objetos que le servirían en el otro mundo como: peines, tazas, comida, joyas, muebles lujosos (porque #Opulencia) y el Libro de los Muertos, un libro con hechizos e instrucciones tipo “Todo lo que necesitas saber para pasar al otro mundo”.

Una vez que el difunto llegara al inframundo, debía someterse a un juicio dictado por Osiris (Dios de la muerte), en el que su corazón sería pesado contra una pluma, que representaba la verdad y la justicia.

Esa es la parte importante, porque, por más lujos que hubiera en tu tumba, si te habías “pasado de lanza” con personas o animales cuando vivías, no podrías vivir en el lugar paradisíaco de Aaru y tu corazón sería devorado por Ammyt, un ser con cabeza de cocodrilo, mitad león, mitad hipopótamo, así que ya tu sabe.

Aztecas

El destino de cada fallecido de nuestra raza de bronce se definía por el tipo de muerte que se hubiera experimentado. Los guerreros y parturientas entrarían derechito al Omeyocan, paraíso del sol. Los ahogados, fulminados por un rayo o víctimas de lepra y otras enfermedades de la piel, al Tlalocan, con el Dios de la lluvia. Finalmente, los de muerte natural, llegarían al Mictlán, donde tendrían que pasar varias pruebas.

En la travesía necesitarían un perro (no es necesario que sea Xoloitzcuintle) que les ayudara a cruzar un río; además de una piedra (preferentemente de jade) que se colocaba en la boca del difunto y un jarrito con agua (porque el camino es largo).

Vikingos

Los guerreros muertos en batalla tendrían su destino final en el Valhalla, junto a los dioses Odín y Freyja, donde vivirían en medio de oro, bebidas, banquetes y batallas infinitas. Si morías por cualquier otra causa y habías sido una buena persona, terminarías con Thor, básicamente con los mismos manjares, pero si de plano la habías “regado”, tu fin sería el equivalente del infierno.

Los vikingos casi siempre celebraban los funerales quemando los cuerpos junto con ofrendas y utensilios que hubieran usado en vida, si eras vip esto incluiría a tus esclavos, así que si fuiste rico o pobre así seguirías en la otra vida a menos que te hubieras “rifado” en batalla.

Griegos

Al momento de “colgar las sandalias” los fallecidos debían entrar al inframundo o Hades, después de cruzar cinco ríos en una barca conducida por un tal Caronte, que cobraba un óbolo (moneda pequeña), la moneda se colocaba bajo la lengua del difunto o encima de sus párpados. Si eras pobre ya te fregaste porque tu alma vagaría por siempre por no poder pagar el ride.

Si lograbas pasar el río, un perro guardián de tres cabezas te esperaba a las puertas del inframundo, al pasar llegarías a participar en tu juicio, en el que —igual que en muchas otras culturas— dependiendo de qué tan bueno o malo hubieras sido, te dirigirán al Elíseo (equivalente al paraíso), donde podrías disfrutar felicidad eterna y conocer a guerreros heroicos como Aquiles, la pura crema y nata de la Grecia Antigua. Pero si habías sido un patán, terminarías en el Tártaro (equivalente al infierno), un lugar tenebroso que contiene una prisión rodeada con ríos de fuego.