Guy Fawkes, la "resolución romana" | SapiensBox

Un mismo personaje puede ser vistos como héroe, villano o símbolo.

El 31 de enero de 1606 –casi tres meses después de que la “conspiración de la pólvora” fuera descubierta– la vida de Guy Fawkes llegaba a su fin.

La historia es bien conocida: un grupo de católicos ingleses planeó hacer estallar la cámara de los lores en el parlamento, mientras el rey Jacobo I pronunciaba un discurso. La intención detrás del atentado era bastante simple: deshacerse de una vez de la mayor parte de la élite política protestante para reponer el catolicismo en el trono de Inglaterra.

Los consipradores no eran más religiosos que el común de las personas de su tiempo, simplemente estaban del lado de una minoría oprimida. Los católicos ingleses habían sufrido la persecución y la pérdida de derechos durante décadas y lo siguieron haciendo durante siglos. Guy Fawkes y sus compañeros pertenecían a ese tipo de personas, que a lo largo de la historia aparecen muchas veces, convencidas de que la única manera de combatir el fuego es con fuego.

Fawkes no era el líder de la conspiración, pero se volvió el más relevante porque fue él quien instaló la pólvora en los sótanos del parlamento, y quien fue descubierto y aprehendido a la media noche del 5 de noviembre de 1605 (“remember, remember, the 5th of november”). A final de cuentas, era él quien estaba mejor preparado para el trabajo, pues había combatido del lado español en contra de los protestantes holandeses en la guerra de los 80 años, y una vez más en el asedio de Calais. No se trataba de carne de cañón; su abuelo había sido alcalde de York, y el propio Guy tenía estudios muy superiores a los de la media de su tiempo: sabía leer y escribir, hablaba francés y español, conocía Europa continental.

La religión fue para la conjura, un eje de articulación que daba sentido e impulso a sus planes, pero de fondo –como tantas veces– el móvil fundamental era menos filosófico y más básico: la necesidad de resistir a la opresión, de liberarse.

Guy Fawkes fue salvajemente torturado a lo largo de tres días, hasta que reveló sus planes y la identidad de sus compañeros. La resistencia que demostró durante los interrogatorios admiró a sus torturadores, hasta el punto que el propio rey Jacobo –que era el objetivo principal del atentado– se refiriera a la “resolución romana” del conspirador.

Esa frase revelaba algo que en Inglaterra ha sido una constante cultural: la confrontación con Roma, desde los tiempos imperiales hasta el papado (y, de algún modo, hasta la cultura latina de nuestros días). A Roma siempre se le vio en Inglaterra con recelo, como una amenza constante de invasión; pero también con cierta admiración.

Al final, Guy Fawkes vio cómo los verdaderos líderes de la conspiración de la que él había formado parte eran arrastrados por caballos con la cara hacia el suelo, asfixiados y descuartizados; y sabía que esa era la misma suerte que le correspondería. Sin embargo, murió con el cuello roto, quizá porque él mismo saltó del cadalso.

Durante siglos, en Inglaterra, la figura de Guy Fawkes se asoció a la celebración de un atentado frustrado, su efigie ha sido quemada cada año en la fiesta de las hogueras, y se le ha dado incluso un tono burlón al personaje. Pero en nuestro tiempo, la sonrisa de quien ríe al último se ha instalado en la máscara de Guy Fawkes, que ha venido a convertirse en un símbolo de la resistencia anárquica contra el orden establecido.