Interpol y la soberanía nacional | SapiensBox

En la tensión entre soberanía nacional y seguridad internacional, la INTERPOL apuesta por la cooperación.

La soberanía nacional implica que, dentro del territorio de cada país independiente, las decisiones sobre lo que las autoridades públicas deben hacer no estén sujetas a las indicaciones o intereses de ningún otro poder en el mundo.

En la mayoría de las democracias occidentales actuales, las constituciones establecen que la soberanía reside originariamente en el pueblo que –con su identidad, historia e instituciones– constituye una nación. Pero eso de que la soberanía reside en el pueblo supone algunos problemas operativos, porque en la práctica, ninguno de nosotros es soberano como ciudadano independiente y, al final, la soberanía la ejercen parcialmente las instituciones que constituyen los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en cada país.

Dentro de ese marco conceptual, se podría pensar que ninguna instancia extranjera puede hacer valer una orden suya dentro del territorio de un país reconocido como independiente. Sin embargo, la realidad internacional se ha vuelto mucho más compleja de lo que era cuando se forjaron los conceptos de nación y soberanía. Retos como el terrorismo y las organizaciones criminales transnacionales hacen que los medios típicos de protección de las naciones soberanas, como el ejército y la diplomacia, sean insuficientes para mantener la seguridad internacional.

Por esa razón nació la Organización Internacional de Policía Criminal, conocida mundialmente como INTERPOL.

No se trata de imaginar a la INTERPOL como una agencia de espías y agentes internacionales de seguridad que irrumpen en territorios soberanos con “licencia para matar”, porque en realidad se trata más bien de una agencia concentradora y distribuidora de la información que le proveen los sistemas policiales y judiciales de sus 192 países miembros (sólo Corea del Norte y unas cuantas islas del Pacífico Sur están fuera de la organización). La INTERPOL pone esa información a disposición de los cuerpos policiales para facilitar la cooperación entre ellos y conseguir la captura de delincuentes, sin importar el país en el que se encuentren.

La INTERPOL es una agencia concentradora y distribuidora de la información que le proveen los sistemas policiales y judiciales de sus 192 países miembros

Pero, incluso así, la idea de una policía internacional es esencialmente contraria al concepto clásico de soberanía. ¿Cómo puede conciliarse la idea de que ningún poder está por encima de una nación soberana con la realidad de una policía internacional?

Imagina que invitas a comer a tu casa a un amigo de la escuela, pero resulta que en su casa está prohibido usar el celular durante las comidas. Entonces, la mamá de tu amigo le llama a tu mamá para pedirle que haga valer esa orden. Tu mamá podría –de buena voluntad– decirle que no se preocupe, que le va a confiscar el celular a su hijo durante la comida y que, de paso, también te lo va a quitar a ti. Pero, por otro lado, también podría decirle –con maternal diplomacia– que respeta las reglas que haya en su casa, pero que, en la tuya, nadie le va a venir a decir cómo tratar a sus invitados.

Pues bueno, el asunto es que cuando en todas las casas empiece a haber problemas de conducta con los niños –que, como todos sabemos, son unos rapaces indómitos– es posible que, en la junta de padres de familia de la escuela, las mamás decidan ponerse de acuerdo para cooperar, de modo que los niños no se les suban a las barbas (figurativamente, claro).

La respuesta es que –en las condiciones actuales– la soberanía es la que ha tenido que doblegarse un poco, porque nos hemos dado cuenta que ningún país es totalmente capaz de poner orden en su propia casa, por sí mismo.

El reto de la INTERPOL es proveer de información suficientemente convincente a todos sus miembros, para que prefieran cooperar, dado que –propiamente– no hay “policía mundial” que los pueda obligar a hacer algo que no quieran.