La breve historia de los jefes de gobierno del DF | SapiensBox

La era de los jefes de gobierno del DF pasará a la historia como un breve periodo de transición.

El 5 de diciembre de 2017 se cumplen 20 años de la toma de posesión del primer Jefe de Gobierno del Distrito Federal, electo democráticamente: el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, a quien se sigue reconociendo como un líder moral de la izquierda mexicana.

Antes de él, los antiguos gobernadores y luego jefes del departamento del D.F. habían sido elegidos directamente por los presidentes de la República, desde tiempos que se remontan al final de la independencia. Los que tenemos edad suficiente para recordar ese hito de la transición democrática mexicana no hubiéramos imaginado que la “era” de los jefes de gobierno del D.F. no duraría más de 4 elecciones.

Los antiguos gobernadores y luego jefes del departamento del D.F. habían sido elegidos directamente por los presidentes de la República

Desde la constitución de 1824, la Ciudad de México se convirtió en el Distrito Federal del país, eso implicaba que la máxima representación de los Poderes de la Unión (la Presidencia de la República, el Congreso de la Unión y la Suprema Corte de Justicia de la Nación) tuvieran su sede en ella y, por esa razón, se excluyó en principio la posibilidad de un gobierno local propio, dado que no habría tenido sentido que los supremos poderes de la nación estuvieran supeditados para aspectos locales a un gobierno inferior. Parecía más razonable que el gobierno federal se encargara directamente de proveer a la ciudad en la que se asienta, a través de la designación de un funcionario a quien se delegaran esas funciones.

Sin embargo, esta ciudad, que es muchísimo más antigua que nuestro propio orden federal, no se deja controlar así de fácil. La realidad sociopolítica de la capital mexicana y su desmedido crecimiento, fueron exigiendo la resolución a problemas de mayor complejidad, de cuya construcción no podía excluirse a los ciudadanos. La necesidad de una mayor representatividad fue convirtiéndose gradualmente en una exigencia de autonomía de gobierno, lo que desembocó en la construcción de un órgano de representación política –la Asamblea Legislativa– y un poder ejecutivo autónomo: la Jefatura de Gobierno.

El número y la identidad de los ciudadanos que detentaron el cargo de Jefe de Gobierno del Distrito Federal está ya cerrado

El proceso no se detuvo, pues a diferencia de las demás entidades federativas, el D.F. carecía de una constitución propia, y algunas de las funciones de su poder ejecutivo seguían supeditadas en última instancia a los poderes federales. Por ello, la actual administración capitalina se empeñó tanto (casi podríamos decir que fue lo único en lo que se empeñó) en eliminar esos resabios de la administración original del D.F. Como consecuencia, en las elecciones del próximo año elegiremos a un Jefe de Gobierno de la Ciudad de México que no estará sujeto a la autoridad federal más de lo que los está el gobernador de cualquier Estado de la República.

Por esa razón, el número y la identidad de los ciudadanos que detentaron el cargo de Jefe de Gobierno del Distrito Federal está ya cerrado. Los que llegaron a esa posición como resultado de una elección popular fueron: Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera. Sin embargo, sólo Marcelo Ebrard concluyó su periodo sin buscar la Presidencia de la República; por lo que en los casos de Cárdenas y de López Obrador hubo necesidad de designar jefes de gobierno sustitutos, que fueron Rosario Robles y Alejandro Encinas, respectivamente. No está claro aún si Mancera seguirá el mismo ejemplo, pero en todo caso, la persona que lo sustituyera ostentaría ya la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, no del D.F.

La Jefatura de Gobierno del Distrito Federal correspondió a un solo partido, el PRD, que representa hasta ahora (no sabemos aún la suerte que vaya a correr MORENA a largo plazo) el más exitoso proyecto partidista de izquierda en la historia de México. Los gobiernos perredistas –ya sea que se simpatice con ellos o no– reflejaron la identidad de una ciudad que se quiere progresista en materia de derechos (legalización del aborto, matrimonio entre personas del mismo sexo y adopción de menores por parte de las mismas), y que también busca una reconfiguración más amplia e incluyente en espacios urbanos, medios de transporte e infraestructura. Sin embargo, los gobiernos perredistas también dejan tras de sí una estela de clientelismos, ineficiencias administrativas y politización de temas que debieron ser puramente técnicos. Para colmo, uno de sus principales logros, que fue haber mejorado la seguridad pública en una ciudad que antes se percibía como altamente peligrosas, parece haberse desmoronado en la administración de Miguel Ángel Mancera.

La Jefatura de Gobierno del Distrito Federal representó también cosas muy distintas para quienes ganaron ese cargo en las urnas. Para Cárdenas fue el último puesto propiamente político de su carrera; para López Obrador, el trampolín de sus aspiraciones presidenciales; para Ebrard, un recuerdo agridulce, porque si bien sus aciertos le dieron un prestigio y una popularidad que nadie le discute, sus errores parecen haberle costado el brillante futuro político al que hubiera podido aspirar. En el caso de Mancera, la jefatura de gobierno parece haberlo desnudado en todas sus limitaciones, seguramente será el menos valorado de todos.

El 5 diciembre del próximo año, asumirá el cargo de Jefe o Jefa de Gobierno de la Ciudad de México una nueva figura, y entonces comenzará propiamente otra etapa –que seguramente no será tampoco la definitiva– en la historia de la principal ciudad de nuestro país.