Las utopías sí existen, pero… ¿funcionan? | SapiensBox

Las utopías son una necesidad de la humanidad, se requieren tanto para denunciar lo que está mal en la actualidad y como un horizonte hacia el cual avanzar.

A veces parece que nos hemos resignado a que el mundo es como es y no hay nada que hacerle.

Y es cierto que lo mejor, cuando se trata de generar un plan, es partir de la realidad objetiva y mantener los pies sobre la tierra; pero cuando la realidad es claramente mejorable, hay que buscar cambiarla, y entonces es momento de plantearse metas elevadas, porque de lo contrario todo sigue igual.

Ese es el espíritu de todas las personas que a lo largo de la historia han propuesto alguna “utopía”; una palabra que deriva del griego y significa literalmente “no-lugar” o “no hay tal lugar”, y que asume que quizá la sociedad perfecta sea imposible, pero no por eso hay que dejar de buscarla.

El primer desarrollo claro de la idea de una utopía fue de Platón, quien imaginó una república ideal en la que los políticos no obtendrían riquezas del gobierno, ni tendrían familia, ya que su único propósito en la vida sería mejorar a su sociedad. Los ciudadanos sólo tendrían derecho a poseer parcelas para el sustento de sus familias, pero tendrían la obligación de mantener a la clase política (algo que siempre termina pasando), para que ésta pudiera dedicarse a la labor de gobierno sin necesidad de emprender otros negocios.

Pero quien acuñó para siempre el concepto de utopía fue Tomás Moro, que en uno de sus libros bautizó así a una sociedad ideal imaginaria, como si hubiera ido a conocerla. Moro describió a una comunidad inspirada en los valores del cristianismo: una sociedad pacífica, en la que la propiedad de los bienes era común y se destinaba a cada quién según sus necesidades, y en la que se despreciaba la ostentación de la riqueza y se vivía en perfecto orden y armonía. El gobierno de la Utopía de Moro implicaba ya el principio democrático de elección popular.

A lo largo de la historia, se han intentado llevar a la práctica algunos proyectos utópicos, por desgracia, las inercias del mundo, los defectos humanos o la falta de planeación han hecho que esos proyectos naufragaran.

La comuna de París.

Por un breve periodo al final de la Revolución Francesa, entre el 18 de marzo y el 28 de mayo de 1871, la ciudad de París fue gobernada por un movimiento de insurrección que intentó implantar un régimen de autogestión, mezcla de anarquismo y protocomunismo. El problema fue que, entre los desacuerdos internos y las presiones externas, en tan sólo 60 días de gobierno, los comuneros cayeron en la violencia y la represión extrema, y el experimento terminó en una amarga experiencia.

Solentiname

Un caso más cercano y vigente es la comunidad de Solentiname, creada por el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, en una pequeña isla del lago Cocibolca en Nicaragua. La comunidad sigue viva, a 47 años de su fundación; en sus inicios se concibió como una misión religiosa, pero ya que estuvo inspirada en la teología de la liberación, que postula la opción preferencial por los pobres, con el tiempo fue adquiriendo alcances políticos mayores.

Aunque el proyecto tuvo que soportar persecuciones políticas, permitió crear una economía consistente, donde prevalece el autoconsumo alimentario, la venta de artesanías y el turismo ecológico. Tiene todos los elementos de una utopía: combina el idealismo teológico, un profundo respeto a la naturaleza y un proyecto de desarrollo social de tipo comunitario, pero está limitada a los confines de una pequeña sociedad sin desarrollo tecnológico o económico propio.

Auroville

La utopía más famosa de todo el planeta es una comunidad establecida en India, que en 2018 cumplirá 50 años. Una pequeña ciudad, prácticamente libre de crimen, cuya población se esmera en el trabajo duro, no a cambio de dinero (que no tiene ningún valor) sino de participar en las aportaciones de todos sus miembros.

Auroville parece tener buenas perspectivas de futuro, miles de personas en el mundo quieren ser parte del proyecto, a pesar de que el primer año de ingreso tengan que pagar por pertenecer a la comunidad. Desgraciadamente, el fenómeno de la desigualdad social ha comenzado a surgir dentro de la comunidad, pero por ahora todavía parece que tendrían oportunidad de corregir los problemas que se les presentan y convertirse en una utopía funcional.

Las utopías son una necesidad de la humanidad, se requieren tanto para denunciar lo que está mal en la actualidad y como un horizonte hacia el cual avanzar. Estos pequeños experimentos han demostrado que no existe problema sin solución y que con trabajo duro y persistencia todo es posible.