Los masones, origen de la dominación mundial | SapiensBox

Si alguna vez hubo un grupo que estuvo cerca de dominar al mundo, fueron los masones.

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La teoría conspirativa según la cual se han desarrollado sociedades secretas que promueven la constitución de un gobierno único de proporciones globales, dominado por una élite de personas interconectadas es ampliamente popular en la red.

Sin embargo, más allá de teorías sobre los Illuminati, el Grupo Bilderberg, la ONU o la unión de grandes corporaciones trasnacionales como poder oculto detrás de los gobiernos de todos los países, si una sociedad “secreta” llegó a tener miembros en las principales posiciones de gobierno de muchísimas naciones occidentales fue la masonería.

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Los masones son una fraternidad internacional unida por valores típicos de la Ilustración: la investigación de la verdad a través de la razón, el laicismo, la libertad, la igualdad, el perfeccionamiento ético, la solidaridad, etc.

La masonería resultó enormemente atractiva para las clases políticas, intelectuales y aristocráticas en Europa, sobre todo a partir del siglo XVIII, en parte debido a su ideología, pero también debido a su carácter esotérico, sus rituales y simbología, así como por el misterio que envolvía a sus miembros. Posteriormente su llegada a América tuvo un enorme impacto en la vida política de nuestro continente en el siglo XIX.

Algunos símbolos masónicos principales

Los masones, Padres Fundadores

Entre los Padres Fundadores de los Estados Unidos, 10 signatarios de la declaración de independencia fueron masones. De manera sobresaliente, el científico, humanista y diplomático, Benjamín Franklin, quien era Gran Maestre de la Logia de Pennsylvania. A su vez, la principal figura de la guerra de independencia norteamericana y primer presidente de los Estados Unidos, George Washington, obtuvo el rango de maestro masón tan solo un año después de haber sido iniciado y fue él quien ofició los rituales masónicos durante la colocación de la primera piedra del Capitolio. De los 45 presidentes que hasta ahora han gobernado los Estados Unidos, 38 han sido masones; el último fue Gerald Ford, quien dejó el cargo en 1977.

Los masones en las artes

Algunas figuras ampliamente reconocidas en el ámbito de las letras estuvieron adscritas la masonería. Por ejemplo, el poeta Alexander Pope, que gustaba de introducir los aspectos más esotéricos de su filiación masónica en algunas de sus obras, así como Sir Arthur Connan Doyle, autor de las historias de Sherlock Holmes, que representa de algún modo el ideal masónico del dominio de la razón. Mark Twain y Rudyard Kipling también introdujeron algunos temas masónicos en sus libros, el primero, sobre todo en lo que se refiere a la ética, en obras como Tom Sawyer y Las Aventuras de Huckleberry Finn, y el segundo, en algunos símbolos de El libro de la Selva y, sobre todo, en su novela artúrica, El hombre que pudo reinar.

Entre los músicos, el más grande de los compositores masones fue Wolfgang Amadeus Mozart, que además de algunas composiciones hechas expresamente para musicalizar rituales de su logia, también introdujo esa temática en su última ópera, La flauta mágica; pero la masonería también atrajo de modo particular a representantes del jazz en el siglo XX, quizá por su ideología igualitaria y contraria al racismo, grandes músicos afroamericanos como Nat King Cole, Duke Ellington y Count Basie, fueron miembros de logias masónicas.


Logia de Viena, a la que pertenecía Mozart

Masones de sangre azul

La masonería tiene dos corrientes principales, la anglosajona y la continental. En la Europa continental, los masones debían mantener más en secreto su pertenencia a la hermandad, sobre todo después de que, en 1738, el papa Clemente XII prohibió a los católicos unirse a la masonería, bajo pena de excomunión. En cambio, en Inglaterra, cuya iglesia nacional estaba ya separada de Roma, la masonería floreció con más apertura, lo que explica que los monarcas británicos tuvieran un contacto abierto con las logias masónicas. De hecho, muchos reyes ingleses fueron grandes maestres de la Logia Unida de Inglaterra y de la de Escocia. El actual Gran Maestre de la logia de Inglaterra es el primo de la Reina Isabel II, el príncipe Eduardo, Duque de Kent.

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Pero incluso en el ámbito continental algunos reyes europeos fueron masones también, entre ellos, Leopoldo I de Bélgica (padre la emperatriz Carlota de México), el zar Alejandro I, José I de España –que fue Gran Maestre del Gran Oriente de Francia– y los reyes de Suecia, desde el siglo XVIII hasta Oscar II, a principios del siglo XX, tradicionalmente fueron grandes maestres de la Orden Noruega de los Francmasones.


El duque de Kent.

Masones latinos

En Latinoamérica, la masonería fue fundamental para los movimientos de independencia, y de hecho las figuras centrales del proyecto de la América hispana como “patria grande”, José de San Martín y Simón Bolívar, fueron masones.

En el caso mexicano, la masonería constituyó nuestro primer sistema de partidos y muchos de nuestros gobernantes fueron masones, desde el principio de la historia del México independiente. De hecho, el emperador Agustín de Iturbide y el primer presidente de la República, Guadalupe Victoria, fueron miembros de las primeras logias mexicanas.

Desde entonces, 17 masones reconocidos han gobernado México y muchos otros presidentes de la república han mantenido una relación de cordialidad y cercanía con la hermandad. Incluso es famosa la anécdota de que el presidente Benito Juárez, quizá el masón más notable en la historia nacional, recibió muchas solicitudes para que le perdonara la vida al Emperador Maximiliano de Habsburgo, por ser también un hermano masón. Una leyenda urbana afirmaba que todos los presidentes de México recibían el grado 33 de maestro masón, pero eso ha sido desmentido por la propia Gran Logia del Valle de México. De hecho, el último presidente propiamente masón de México fue Adolfo López Mateos, que ostentaba el grado 18.


Benito Juárez con parafernalia masónica

De modo que, como es evidente para cualquiera que haya leído hasta este punto, si una sociedad secreta estuvo alguna vez cerca de constituir una red de alto nivel entre todos los gobiernos, por lo menos de la civilización occidental, fue la masonería; pero su enorme influencia comenzó a diluirse, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, y hoy constituye más bien una sociedad parecida a la de cualquier club con intereses humanísticos y también políticos, pero con un poder mucho menor al que llegó a tener, y muy lejos de constituir un auténtico Nuevo Orden Mundial.