Mozart, el childstar original | SapiensBox

Mozart, siendo un niño, hizo giras por Europa y enloquecía multitudes, mucho antes que ningún otro lo hiciera.

De Judy Garland y Stevie Wonder a Michael Jackson y Justin Biber, los niños telentosos despiertan una especial fascinación entre el público; muchos de ellos, tristemente, tuvieron vidas difíciles debido a que la fama y el éxito les llegó demasiado pronto. Pero dos siglos antes que todos ellos, Mozart ya había pasado por ahí.

A diferencia de muchas estrellas infantiles contemporáneas, cuyos padres tienden a ser personas con poca formación y menos talento (pero con mucha ambición personal), el pequeño Wolfgang –nacido el 27 de enero de 1756– fue, en cambio, hijo de de un músico competente, Leopold Mozart, que se había construido una carrera profesional propia dentro de la corte de del príncipe-arzobispo de Salzburgo, Sigismund von Schrattenbach, y que además de ser un buen violinista, compositor y director de orquesta, había destacado como profesor de música.

Fue precisamente debido a su inteligencia, sensibilidad y predisposición para la enseñanza musical que Leopold Mozart decidió dedicar sus principales esfuerzos a la formación sus talentosos hijos, María Ana y Wolfgang Amadeus. Pero, si bien su hija se convirtió en una ejecutante digna de su propia fama, fue en realidad su hijo menor el que desde muy temprana edad demostró tener un talento verdaderamente prodigioso.

A los 4 años, Wolfgang ya dominaba el clavicordio y comenzó a componer piezas pequeñas, pero de una complejidad que supera con mucho la composición de casi cualquier artista popular actual.

A los 6 años, el pequeño Mozart y su familia emprenden una primera gira por las cortes de Múnich, Viena y Praga, para mostrar su talento junto a su hermana. El furor que causaba fue tal que su padre se convenció de dedicarse, prácticamente por completo, a la carrera artística de su hijo, con el cual emprendió una serie de giras que los llevaría fuera del ámbito propiamente germánico, hacia Francia, Inglaterra, los Países Bajos e Italia.

Durante todos esos viajes, tanto Leopold como sus hijos pasaban muchas veces situaciones incómodas y hasta peligrosas

Es muy conocida la anécdota de que durante su estancia en Roma, cuando tenía 14 años de edad, el joven Mozart escuchó, en la Capilla Sixtina, una interpretación del Miserere de Allegri, cuya partitura era secreta, pues sólo podía interpretarse ahí; sin embargo, con sólo escucharla una vez, el adolescente fue capaz de transcribir de memoria la partitura de lo que había oído. Lo que no es tan conocido es que durante todos esos viajes, tanto Leopold como sus hijos pasaban muchas veces situaciones incómodas y hasta peligrosas, dadas las condiciones de la época; que sufrieron graves enfermedades y mucha veces tuvieron que esperar pacientemente los pagos por sus presentaciones.

Por razones de cumplimiento de contrato, los Mozart tuvieron que volver a Salzburgo cuando Wolfgang tenía ya 17 años, pero la vida y las condiciones de la pequeña corte arzobispal no le satisfacían al joven, por lo que hizo un primer intento de independencia fuera de su ciudad natal y se enamoró de la joven Aloysa Weber que finalmente lo desairó (en la búsqueda profesional tampoco tuvo mucha suerte). Así que, descorazonado, Wolfgang volvió a Salzburgo, pero su actitud hacia la autoridad tanto de su padre como de su empleador, el nuevo príncipe-arzobispo, Hyeronimus von Colloredo, desembocó en la renuncia de Mozart y su partida definitiva a Viena.

Ahí comienza a vivir una vida mucho más divertida, de fiestas y mayores libertades y experimenta el éxito como compositor de ópera; además se recuperó del desaire de Aloysa Weber, enamorándose de su hermana menor, Constanze, con la que termina casándose, en contra de los deseos de su padre.

Wolfgang fue experimentando progresivamente los efectos desgastantes de su estilo de vida

Distanciado de su familia, entregado a los placeres de su celebridad, mal adminstrador de sus ganancias y preso de deudas y pasiones, Wolfgang fue experimentando progresivamente los efectos desgastantes de su estilo de vida, y su salud se deterioró, a pesar de que su genio permaneció siempre deslumbrante.

Mozart murió a los 35 años, víctima del agotamiento y una severa infección respiratoria, en medio de la composición de su famoso Requiem, del cual, algunos fragmentos fueron interpretados por primera vez en su propio funeral.

La vida de Mozart, de algún modo representa el arquetipo de muchas historias posteriores: el talento sobrenatural, la fama a muy temprana edad, la disciplina que deriva en confrontación y rompimiento, los excesos y finalmente la muerte prematura. Después de él, muchos otros han pisado esas mismas huellas, pero ninguno, ni de lejos, tan grande como él.