¿Qué es la doble inclusión? | SapiensBox

El problema no es combatir la pobreza, sino eliminarla.

La Doble Inclusión plantea que los problemas de pobreza no se deben atacar sólo desde una postura asistencialista, sino desde una visión integral en la que la desigualdad laboral forme parte del problema.

Esto es contrario a lo que hacen muchos países, como México, en donde se crean infraestructuras para asistir a los pobres y sus problemas, mas no para erradicar la pobreza desde su origen.

Los problemas del desarrollo económico y social han sido un gran reto sin superar para países como México y algunos otros en América latina, prueba de ello fueron los malos resultado de la “Agenda del Milenio” que pretendía acabar con el hambre de la región en 2015, algo que sabemos no sucedió.

En lugar de erradicar la pobreza nos hemos dedicado a combatir los problemas que ésta genera.

El principal problema es que, en vez de erradicar la pobreza otorgando a todos los ciudadanos prestaciones sociales básicas como salud, educación y empleo a nivel nacional, nos hemos dedicado a combatir (con medidas inmediatas, paliativos) los problemas que ésta genera. Aquí, las comunidades más pobres quedan siempre excluidas de los programas que buscan reducir la brecha laboral que provoca pobreza en la sociedad.

¿Por qué no podemos acabar con la pobreza?

Las políticas públicas que se han usado son insuficientes, sobre todo, porque no se implementan de forma integral: la CEPAL plantea que todo programa social debe tener una Doble Inclusión, donde no sólo se busque un estado paternalista que otorga un piso mínimo de desarrollo, sino que se procure el desarrollo laboral real, y donde las comunidades obtengan los recursos para su subsistencia pero sin dejar de ocupar los servicios básicos otorgados por el estado.

La experiencia latinoamericana ha demostrado que el modelo de desarrollo social de la Doble Inclusión funciona mejor en los entramados rurales, ya que las ciudades son muy difíciles de organizar y en cierto modo son menos afines a las organizaciones cooperativas. Países como Uruguay, Argentina y Chile son ejemplo de éxito en la implementación de políticas públicas de doble inclusión.

En 2017 Chile fue la nación latinoamericana mejor calificada en la medición de Desarrollo Humano, cifra hecha por el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que evaluó el bienestar en 188 países. El Índice de Desarrollo Humano mide tres dimensiones:

  1. La esperanza de vida al nacer, enfocada a la capacidad de llevar una vida larga y saludable.
  2. Los años promedio de escolaridad, que reflejan la posibilidad de adquirir conocimiento.
  3. El producto interno bruto per cápita, como un indicador de poder tener un nivel de vida “decente”.

Chile tiene la mejor calificación de la región en este indicador: se situó en el lugar 38 y, aunque todavía está lejos de países americanos como EE.UU. o Canadá, no es poco el esfuerzo realizado en ese país. En comparación con México, que está en el lugar 77 de este indicador, han logrado sobresalir con ayuda de una reformación de sus metas y programas donde se tiene contemplado el uso real de la doble inclusión.

¿Y en México?

La Doble Inclusión no es algo nuevo en México: en los tiempos del corporativismo gremial de los años 70s y 80s se crearon programas sociales que tenían una intención similar a lo recomendado por la CEPAL actualmente. El problema fue que, con el tiempo, estos programas de desarrollo se viciaron y se convirtieron en cartera electoral, desvirtuaron el trabajo de los gremios y su función fundamental en el desarrollo laboral de las comunidades donde operaban.

México gasta anualmente más del 60% de su presupuesto en el rubro de asistencia social

Hoy lo que la sociedad civil debería buscar es la reactivación laboral de las zonas rurales poniendo candados para impedir el clientelismo electoral, dando cabida al desarrollo laboral de las regiones rurales sin mediaciones que se puedan captar a favor de los sistemas políticos, priorizando al campo y el desarrollo de la renta mínima de servicios estatales.

No capitalizar mejor los recursos que ocupa el estado en gasto social es un grave error: México gasta anualmente más del 60% de su presupuesto en el rubro de asistencia social, el cual no ha dado buenos resultado si contemplamos que más del 50% de la población vive en pobreza.

En México no dejará de haber pobreza hasta que se acepte el hecho de que la caridad es sólo eso, y que ningún problema se soluciona con golpes al aire, sino con balas que llegan hasta la raíz.