Ricardo Anaya- Quiero ser presidente | SapiensBox

El joven que vino de Querétaro en la antesala del poder.

La irrupción de Ricardo Anaya a la escena pública nacional ha sido sorpresiva para muchos, pero ha sido un tramo largo desde el instituto municipal de la Juventud, en el Ayuntamiento de Querétaro, hasta la presidencia nacional del Partido Acción Nacional.

¿Cómo construyó, finalmente, su camino a la candidatura presidencial de 2018?

El ascenso

Francisco Garrido Patrón, entonces presidente municipal de Querétaro, vio talento en el joven Anaya, quien tuvo la suerte de ser su vecino, y lo nombró director del Instituto municipal de la juventud en la ciudad de Querétaro, con apenas 18 años cumplidos.

Cuando ya tenía 21 años, se afilió al Partido Acción Nacional (PAN) y fue nominado como candidato a una diputación local que perdió en las elecciones del año 2000. Sin embargo, el joven Anaya no se daría por vencido.

Predestinado para las grandes ligas desde pequeño, tenaz estudiante que ganó mención honorífica en cada grado que curso, de sonrisa imperturbable, orador eficaz y de grandes ambiciones, Ricardo nunca dejó de aprender y se fijó la meta de convertirse en dirigente estatal de su partido.

Tres años después de perder la diputación local, Garrido Patrón, su padrino político, ganó la elección como gobernador de Querétaro (2003-2009) y lo invitó a trabajar con él como su secretario particular.

Su debut en la política estatal había resultado un éxito, pero los enemigos de los que se fue haciendo le harían pagar por eso

Los seis años de gobierno de Garrido Patrón enseñaron a Anaya las formas de la política a nivel estatal. Desde la secretaría particular promovió sus ambiciones políticas, lo que le permitiría a la postre convertirse en el hombre fuerte de la administración.

Su debut en la política estatal había resultado un éxito, pero los enemigos de los que se fue haciendo le harían pagar por eso. En el gobierno de Garrido, al joven Ricardo se le involucró en turbias inversiones inmobiliarias en Querétaro, incluso se le acusó de defraudar a 17 personas por 40 millones de pesos.

Sin inmutarse en lo más mínimo, sin perder la sonrisa, sin dejar de mirar fijamente a sus interlocutores, el joven Anaya argumentó que no era verdad, que todo se trataba de un intento de difamarlo. El incidente marcó un punto de inflexión en su carrera política, pero no sería el primero ni el último que tendría.

Luego de haber sido el jefe de la campaña en la que el PAN perdió la gubernatura frente al priista José Calzada, Anaya se convirtió en diputado local plurinominal, y desde esa posición tejió su camino a la dirigencia estatal.

Pero primero debía de deslindarse de un gobierno acusado de corrupción por la nueva administración priista, fue entonces cuando el joven Anaya decidió alejarse de quien lo había mimado con puestos en el gobierno, su mentor y padrino político, Garrido Patrón.