Señor homosexual | SapiensBox

Cuando no basta nacer para ser respetado.

“Cuando te mueres no sabes que estás muerto. No sufres por ello, pero es duro para el resto. Lo mismo pasa cuando eres imbécil.”

Todos tenemos un amigo que está en el proceso de reeducación y cae en cuenta de que le tocó vivir en una época en la que una parte de su generación ya no le permite burlarse como si nada de otra persona, o por lo menos, hace un berrinche cada que alguien más le recuerda que sus palabras son balas que pueden traspasar las vidas de otras personas. Balas “discursivas”, en principio, pero que tarde o temprano se convierten en balas reales porque, aunque esto no sea Egipto con sus leyes persecutorias de homosexuales, apenas hace 3 días asesinaron a 3 activistas LGBT aquí en México.

Nacer en México no te garantiza tener derechos humanos: aquí, al parecer, hay que “ganárselos”.

Pero volviendo a ese amigo…

Este percebe creció con nosotros, es un vecino, un primo o un compañero o compañera que comparte la sala de juntas y se turna contigo para sacar las copias; y de verdad nos consta que no es mala persona, que paga sus impuestos e incluso ayuda a su mamá con los gastos. “¿Y entonces qué más quieren p1nch3s p#tos?” Verás, amigo heterosexual, a algunos de nosotros nos molesta cada que hablas de Freddie Mercury o Juan Gabriel (los únicos “gays” que logras recordar): te refieres a ellos como algo más que simples “putos” o “maricones”, porque a diferencia de los demás “ridículos” y fabulosos que habitamos en VillaGuei, dejaron un legado. En el caso del primero, indiscutible; en el caso del segundo, debatible, pero muy conmovedor (¿Porque qué abuelita no rompe en llanto y mira al cielo cuando escucha “Amor Eterno” en mariachi? Punto para Juanga).

No, ya en serio, es tristísimo ser parte de un colectivo que es discriminado todos los días de muchas formas diferentes. Y es peor enterarte (a través de expresiones como esas) que nacer en un país como México no te garantiza tener derechos humanos. Ni siquiera la mínima pizca de respeto. Tal parece que las personas LGBTI somos criaturas de segunda o tercera que tenemos que cubrir una cuota social y entonces sí, dejaremos de ser “machorras”, “putos”, “marimachos”, “puñales”, “torcidos” y otras etiquetas reforzadas por ése y otros amigos.

Pero qué más da. Incluso si jugamos el estúpido juego del respeto-a-cambio-de-mérito, salimos ganando. ¡OH, SÍ! Muchos homosexuales, bisexuales, lesbianas y transexuales (además de los dos que ya conoces) han contribuido a muchas áreas del conocimiento, especialmente a las ciencias y las artes.

Alan Turing (Padre de la computación)

Descifró códigos nazis en la Segunda Guerra Mundial (1931). Su invención formalizó el concepto de algoritmo.

Daniela Vega (Actriz Trans Chilena)

Ganó un Oscar por ‘Una mujer fantástica’ (2018), volvió a Chile directamente al palacio de Gobierno e interpeló a las autoridades por una legislación de identidad de género.

Oscar Wilde (Dramaturgo irlandés)

Su única novela, “El retrato de Dorian Gray” (1890), es considerada uno de los clásicos modernos de la literatura occidental.

Howard Ashman (Dramaturgo estadounidense)

Compuso la letra de las canciones de “La Sirenita”, la Bella y la Bestia” y “Aladino”. Ganó varios Grammy, Globos de Oro y Premios Óscar

Sally Kristen Ride (Astronauta estadounidense)

Profesora de física, directora del Instituto Espacial de California y la primera mujer de EE.UU. en alcanzar el espacio exterior.

Pero ¿sabes cuál es el mayor mérito de las personas que vivimos discriminación? Que antes de valorar al otro por su orientación sexual o identidad de género, lo valoramos por el simple hecho de ser HUMANO.

1 punto para Gryffindor y 5 para el Imperio LGBT+ y su rasho láser.

Fuente

Mi herido-controvertido-furioso-inestable-consciente-multifacético corazón.