Sobrevive al acoso en la chamba | SapiensBox

Manual para pasar en MODO LEYENDA / Versión MX.

Primero… numeritos.

  • En el mundo, 12 millones de mujeres sufren acoso laboral (OIT)
  • En México, los casos de acoso sexual (hacia mujeres) superan los 25 mil al año.
  • De todas las empleadas que han sufrido algún tipo de hostigamiento sexual, 60% decide renunciar antes de acudir a denunciar o de que se concrete el acto de hostigamiento sexual.
  • 25% es despedido por no cumplir las peticiones del acosador.1

OJO: El acoso laboral no es cosa sólo de mujeres, pero si en su caso las denuncias y registros son pocos, con los hombres, simplemente no existen de forma oficial.

AHORA, UNA PRECISIÓN:

Aunque el Código Penal no hace diferencia entre “acoso” y “hostigamiento”, la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia sí hace la precisión:

  • HOSTIGAMIENTO: Hay subordinación de la víctima frente al agresor.
  • ACOSO: No hay subordinación, pero hay abuso de poder.

Entonces, no importa si es tu jefe/jefa quien te incomoda, o Lupe la contadora, o Rafa el de intendencia: todo acto que violente libertad sexual es suficiente razón para ponerle el nombre con todas sus letras, denunciar y detenerlo.

Sin rodeos: SEÑALES DE ALERTA

Imagina esto: Una persona del trabajo te pide tu teléfono por aparentes motivos laborales, pero en vez de ello utiliza tu contacto para iniciar conversaciones incómodas, no precisamente relacionadas con el trabajo: saludos fuera del horario de oficina, insinuaciones sexuales, piropos incómodos o material gráfico inapropiado.

¿Te parece grave? ¿No? Bien. Ahora imagina esto: Esa misma persona asume que, dado que no has puesto objeción a lo que hace, “solamente te estás poniendo difícil”. Así que vuelve más comunes las llamadas, pero también los acercamientos físicos, los comentarios inadecuados en privado y también frente a otros. Y tú, nuevamente, decides no hacer nada, “porque es simplemente coqueteo, qué oso ser él/ella, da pena, no pasa nada”.

Un día, esa persona por fin ha terminado de interpretar tu respuesta a su “cortejo”: no tienes intención de detenerlo. Así que sus conductas se vuelven más agresivas, más directas. Te toca la entrepierna, intenta besarte. Entonces reaccionas… pero para entonces esa persona no planea detenerse. Lo único que sigue después de eso, si tienes suerte, es un momento de humillación, ser víctima de chismes en la oficina o verte obligado a buscar otro trabajo para estar en paz; pero si no la tienes -como la mayoría de las víctimas de acoso laboral- simplemente entrarás al eterno círculo sin fin del abuso laboral.

No te confundas: la más mínima acción puede ser una señal de alerta.

Acoso verbal: comentarios recurrentes sobre tu aspecto, tu orientación sexual y otros temas que son más bien de tu vida privada e intimidad.

Acoso no verbal: silbidos, gestos y señales de connotación sexual.

Acoso físico: acercamientos innecesarios o tocamientos.

Todas son formas de acoso y, según la OIT, pueden presentarse de dos formas igual de inválidas:
a) Cuando te condicionan un beneficio laboral (Quid Pro Quo)
b) Cuando el motivo para acceder es negativo: humillación, hostilidad y bloqueos de desarrollo profesional.

La única solución real empieza con la denuncia

MANUAL DE SUPERVIVENCIA

Cualquiera que no entienda que el problema es mucho más complejo que “hombres violentan a mujeres” propondrá de inmediato el paliativo por excelencia: “Separemos a las mujeres de los hombres en las oficinas”. O en los vagones del metro, o en los taxis…

Pero no es así de fácil. Primero, porque eso acrecentaría el problema de diferencias laborales entre hombre y mujeres; luego, porque no sólo las mujeres son víctimas de acoso/hostigamiento; y por último, porque la solución a un problema nunca será ignorarlo, sino arrancarlo de raíz. Y, en el caso de la violencia y el abuso laboral (como en casi todos los tipos de violencia), la única solución real empieza con la denuncia.

1. Lo primero que tienes que hacer es PONER UN MALDITO LÍMITE. Si alguien te incomoda, detenlo. Que no te importe que implique confrontar al agresor/agresora: si no lo detienes a tiempo, el nivel de abuso puede escalar sin que puedas controlarlo.

2. Lo segundo, IDENTIFICA TUS PROPIOS LÍMITES. ¿Cuál es la parte de ti que está sintiéndose agredida? ¿Por qué motivo exactamente? Si te incomodó y lo detuviste, vas bien. Pero si no logras identificar qué parte de ese halago, ese abrazo o esa llamada/mensaje a deshoras te incomodó, es probable que puedas convertirte pronto en víctima de alguien más.

3. Si no funciona… DENUNCIA. Estos son los lugares en donde pueden ayudarte:

  • La primera opción puede ser CONAPRED o la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.
  • El segundo es el Ministerio Público (en este caso necesitarás a un abogado).

Y sí, sabemos que es una tremenda monserga el sólo hecho de pararse ahí y ser obligado a presentar testigos, correos, mensajes y la mayor cantidad de evidencia posible para poder tener un caso. No vamos a mentirte, no será fácil.

Pero imaginar un mundo en el que nadie se sienta con el poder de abusar de otros, vale la pena.

1. Instituto Nacional de las Mujeres y la Secretaría de la Función Pública, 2012