The gay Joker | SapiensBox

La exigencia de inclusión ha llegado al principal villano de los cómics.

Hace un par de días se dio a conocer la noticia de un grupo de fanáticos en Rusia que crearon una petición -enviada a Geoff Johns, editor y jefe creativo de DC Comics- para que el peor adversario y némesis de Batman, el personaje conocido como “The Joker” se convirtiera en gay.

O dicho de otra manera, de la forma en la que fue concebida esta petición sin sentido: “que vuelva a ser gay”. Sí, estos fans afirman que el Joker ha sido gay desde siempre, desde el comienzo (solamente que él no lo sabe).

Para los más conservadores, esta petición resulta descabellada, mientras que al sector más progresista y liberal, les suena como algo justo y necesario. Normalmente, la verdad suele encontrarse en medio de ambos extremos sin darle la razón por completo a nadie.

La petición de la fanática gay rusa Elena Shestakova, resuena en una industria caracterizada por la opacidad en lo referente a términos de inclusión. Durante décadas, los cómics de superhéroes mainstream han tenido en roles protagónicos a hombres caucásicos heterosexuales, manteniendo en un segundo plano a las mujeres caucásicas heterosexuales, y prácticamente haciendo a un lado a aquellos con una orientación sexual, etnia o religión, distintas de los personajes considerados como el modelo a seguir.

Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson crearon al Joker basándose en el trágico Gwynplaine de la película de 1928 conocida como “The Man Who Laughs”

Es perfectamente razonable una demanda que pretenda ver más y mejores personajes representantes de las minorías, en especial para que un medio tan rico y tan creativo como el de la industria del cómic pueda nutrirse de la riqueza de la pluralidad.

Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson crearon al Joker basándose en el trágico Gwynplaine de la película de 1928 conocida como “The Man Who Laughs”. Más allá de la parafernalia que rodeara al Joker y a sus crímenes -como el uso del lápiz labial, los tacones, y algunos otros accesorios típicos de la indumentaria femenina-, el elemento que resultaba de mayor importancia para Kane y compañía, era hacer del Joker un individuo trastornado, un sádico con un sentido del humor extremadamente mortal. Eventualmente, gracias a la regulación impuesta por el Comics Code Authority, el personaje se transformó en un bufón cuyas tontadas eran sólo eso, bromas y chistes que con el paso del tiempo -y de escritores más sofisticados que Kane- se fueron refinando hasta llegar a lo más estrafalario, macabro y terrible de la mente de este criminal.

El Joker, a todas luces, es y siempre ha sido asexual. Su falta de interés en el sexo siempre ha estado de manifiesto en el personaje.

Suponer que todo lo que hacía en su carácter de payaso asesino era una especie de grito de ayuda, o un intento por salir del closet, es como tratar de hallar un arcoíris al interior de una fosa. El Joker, a todas luces, es y siempre ha sido asexual. Su falta de interés en el sexo siempre ha estado de manifiesto en el personaje. Los intereses del Joker generalmente han sido intelectuales. Ya sea que uno se fije en el origen más aceptado del personaje en “The Killing Joke” -narrado magistralmente por Alan Moore- y analice a este hombre como la víctima del peor de los días posibles (la conversión total de un sociópata), o que uno se deje llevar por las historias en las que este hombre se presenta como un psicópata amante del caos, el resultado es el mismo. El objetivo final de este ruin personaje -además de matar por diversión- es uno netamente intelectual (casi siempre orientado a la afectación psicológica de Batman).

Elena Shestakova pretende que su apología sea escuchada con base en lo que Neal Adams y Grant Morrison -supuestamente- tienen que decir sobre este tema. Grant Morrison, un erudito de los cómics, además de ser un gran escritor, siempre ha tenido el cuidado de no afirmar nada respecto de la orientación sexual del Joker -aunque en el pasado, en tono de broma, ha mencionado que Batman es gay- y, de hecho, sus palabras reafirman lo que Bob Kane y otros autores han intentado destacar en este personaje tan emblemático: su sexualidad no importa.

Grant Morrison defiende una tesis en la que al Joker no le interesa un comino ejercer su sexualidad -hetero, gay, o como sea-, porque eso, llana y sencillamente, no es importante. Descontextualizar lo que dijo Grant Morrison para tratar de coaccionar a Geoff Johns, es muestra de una ignorancia intresada.

Más adelante, en pliego petitorio, Shestakova destaca las palabras de Neal Adams, uno de los mejores artistas -para muchos fans de la vieja escuela, el mejor- que ha trabajado en los títulos de Batman. Lo cierto es que Neal Adams, más allá del arte magnífico, providencial y único que le dio a Batman en décadas pasadas, en el presente no es ni la sombra de lo que fue. Justamente en el año 2010, DC Comics le dio la oportunidad de escribir y dibujar en solitario su propio cómic de Batman.

Esta serie limitada se tituló “Batman Odyssey”, y el resultado fue un absoluto y total desastre. La “Odisea” de esta horripilante historia fue, para los contados lectores que pudo atraer, una escritura caótica y disparatada, producto de un Neal Adams irreconocible en el arte, el tiempo no pasa en vano. No por nada esta miniserie fue catalogada en el año 2012 (tras terminar de publicarse su segundo volumen) como una de las peores historias de Batman. Sin duda este tropiezo no es suficiente para desacreditar la voz de este increíble artista, pero Neal Adams, con todo y el estupendo trabajo realizado en el pasado, no es una autoridad para el canon. Su arte en el título Batman revitalizó al Joker en más de una manera, pero toda la psique del personaje que él mismo ayudó a catapultar nuevamente en los años 70, fue producto de la pluma y la mente del gran Denny O’Neil.

En suma, los anhelos que impulsan la petición de Elena Shestakova son algo con lo que todos deberíamos ser solidarios, pero aunque exista un principio de justicia social en lo que pide, la verdad es que los términos en los que desea ver realizados sus deseos, carecen de toda sensatez. Se respeta y se puede llegar a admirar su pasión por el tema, pero la chica necesita “pensar más alto y hablar más claro” tal y como decía Borges.

¿De qué sirve que el Joker sea gay? ¿Mejoraría o empeoraría al personaje?

Este objetivo suyo en particular no tiene sentido en ningún plazo. ¿De qué sirve que el Joker sea gay? ¿Mejoraría o empeoraría al personaje? La respuesta es no, y una persona que se dice orgullosa de pertenecer a la comunidad gay, no debería pretender que la sexualidad de un personaje sea la característica más importante que lo defina. Elena habla de leyendas urbanas sobre la invención de Harley Quinn, como una forma de taparle el ojo al macho, o en palabras de Shestakova, como una manera de volverlo “heterosexual y aceptable”, nuevamente dándole un valor descomunal al peso de la identidad sexual, sin darse cuenta de que el Joker, al ser un homicida despiadado, nunca -bajo ninguna circunstancia- podría ser aceptable sin importar si es gay o no.

Por otro lado, desde el punto de vista irónico, de aprobar la petición de Elena, de hacer que el Joker se vuelva homosexual, DC Comics tendría que encontrar la manera de que Batman no tumbara nunca más los dientes al Príncipe Payaso del Crimen, porque de lo contrario se les acusaría más adelante de fomentar la violencia contra la comunidad gay (“¡Oh no! Batman está golpeando al Joker porque es homosexual! ¡Es un intolerante!).

Es un hecho que esta petición -con 500 firmas recabadas en su primer día- difícilmente podrá lograr su cometido, sin embargo este podría ser un buen momento para que tanto DC Comics como Marvel Comics, fortalezcan las iniciativas que ya manejan sobre diversidad e inclusión, y que inviertan más tiempo y talento para representar de una manera digna a las minorías, no cambiando de la noche a la mañana el color de piel, el sexo o la orientación sexual de un personaje bien definido y establecido, sino creando personajes de gran calidad, merecedores de su propio espacio entre los grandes.