The Good Place: el humor del más allá. | SapiensBox

Un nueva serie aborda el sentido de la vida y de la muerte, con muy buen humor.

Sócrates, Judith Thompson, Søren Kierkegaard, Immanuel Kant, Platón, John Stewart Mill, Aristóteles… Resultaría muy difícil relacionar estos nombres con algo netamente divertido -a menos que seas un amante de la filosofía-, pero gracias a la nueva serie cómica del momento, The Good Place, estos autores y sus lecciones son algo para morirse de la risa.

Michael Schur, creador de increíbles historias de comedia tales como Parks and Recreation o The Office, nos trae The Good Place, una serie producida por la NBC, difícil de clasificar a simple vista, pero a la que podríamos catalogar como una comedia ligera existencialista de fantasía sobrenatural (sí, la primera de su género considerando las etiquetas puestas anteriormente), en donde la originalidad de su argumento, la inteligencia de sus guiones, las actuaciones sólidas y el fugaz –pero reconfortante– regocijo del chiste, son las bases para edificar una historia sensacional que continúa asombrando gratamente a todo el público que se ha dado la oportunidad de verla y de sentarse a disfrutarla.

La trama de The Good Place gira en torno a Eleanor Shellstrop, encarnada por Kristen Bell, quien –entre otros papeles a lo largo de su carrera– dio vida a Veronica Mars en la serie homónima. Eleanor es una mujer que, al morir, va a dar a un lugar denominado “El Buen Lugar” (The Good Place), gracias a la bondad natural de su carácter, y a las acciones decentes y desinteresadas que tuvo a bien realizar en vida. “El Buen Lugar” es un vecindario, uno de muchos, donde residen las almas de todas las personas buenas que han vivido en la Tierra; es una utopía donde todos viven en armonía junto a su verdadera alma gemela, es un sitio sin discriminación, sin guerras, sin rencor, en donde uno puede volar por el cielo a toda velocidad, disfrutar de horas y horas de bebidas alcohólicas sin sufrir de resaca, y en donde prácticamente todos los deseos que una persona tenga se pueden hacer realidad.

Hasta ahí todo parece bien con el Más Allá, pues verdaderamente este lugar parece una sucursal del Paraíso; sin embargo, hay un ligero problema: los ángeles parecen haber cometido un error, ya que Eleanor Shellstrop no pertenece al Buen Lugar. Una de las pesadillas del mundo real azota el Cielo: la homonimia. Esta Eleanor Shellstrop dista mucho de ser una buena persona; por el contrario, es una mujer sumamente egocéntrica, ignorante, grosera, voluble, mentirosa, cruel, que solamente busca su propio beneficio. En suma, pertenece al promedio de la gente, a todas esas personas que inundan con sus presencias el planeta Tierra, y que al morir, están destinadas a ir al “Mal Lugar”, o dicho de otra manera: al Infierno.

Sabiendo que está en un lugar que no le corresponde, y conocedora de lo que pasaría si se descubre el error cometido por el sistema -ser enviada al Mal Lugar para ser torturada por toda la eternidad-, Eleanor decide que nunca es demasiado tarde para cambiar, ni siquiera en la Muerte, y hará todo lo que esté a su alcance para ser mejor persona y ganar su lugar en la gloria eterna. No obstante, la pregunta importante que tanto el público como Eleanor deberán responder es la siguiente: ¿Realmente se puede aprender a ser una buena persona?

Y como las relaciones interpersonales también son aprendizajes, junto a Eleanor, otras almas humanas y patéticas la acompañan en su camino de redención. Chidi Anagonye (William Jackson Parker), un profesor de filosofía moral de origen africano (nacido en Nigeria y criado en Senegal), un nerd en toda la extensión de la palabra que fungirá como la supuesta alma gemela de Eleanor, pero al descubrir que ella es una impostora, intentará ayudarla impartiendo una suerte de “clases de bondad”, dándole lecciones de ética por parte de todos los grandes maestros de la filosofía a los que dedicó su vida entera a estudiar.

Tahani Al-Jamil (Jameela Jamil), una socialité que le dedicó su vida a la filantropía, y Jianyu Li (Manny Jacinto), un monje budista chino, que al igual que Eleanor se trata de otro impostor cuyo nombre real es Jason Mendosa (un Dj filipino de Florida que en sus tiempos libres se dedicaba a consumir drogas y a robar), conformarán el resto del ensamble de almas desdichadas en el otro mundo. Sumado a estos cuatro infelices, al final -pero no por ello necesariamente al último-, está Michael, el arquitecto del “Buen Lugar”, una especie de ángel/poder superior que además de ñoño, es prácticamente el corazón de la serie, gracias a la magistral interpretación por parte del actor veterano Ted Danson, protagonista de grandes sitcoms como “Cheers”y “Becker” (serie que en cierta forma sirvió como punto de partida para los personajes médicos de mal carácter, como el doctor Gregory House), o protagonista de dramas como el show policiaco forense por excelencia CSI, o la prestigiosa Damages, además de haber participado en películas emblemáticas como Save Private Ryan o Three Men and a Baby. La actuación de Ted Danson en The Good Place es motivo suficiente para entender el porqué a la crítica le ha gustado tanto esta serie, pues su actuación magistral nos muestra una paleta de colores capaz de mudar las emociones de la audiencia con facilidad, trasladando súbitamente al espectador –literal, de un momento a otro- de la risa a las lágrimas, o incluso al temor…

Además de ganar de forma bien merecida el premio a la mejor serie de comedia por parte de los Critics’ Choice Awards este año (derrotando a la siempre favorita The Big Bang Theory), la serie de The Good Place se sitúa como una interesante opción en el monótono y predecible mercado de las risas. Su oferta, conformada por actuaciones de primer nivel, guiones de carcajada, giros inesperados y una premisa absurda, también ofrece una inesperada invitación a la reflexión sobre nuestra conducta diaria.

Por esto y por mucho más, es entendible que esta serie se esté consagrando hoy por hoy como una sin igual… O, mejor dicho, como la primera, como la única de su género.