Tipología de las primeras damas | SapiensBox

Primeras damas de todo tipo.

En los países republicanos, en los que la jefatura del Estado recae en un presidente electo democráticamente, es decir, a partir de una votación en la que directa o indirectamente se expresa la voluntad de la ciudadanía, en principio, si la persona que asume la presidencia está casada o no debiera ser un tema irrelevante; y si lo está, su pareja -que no fue electa por la ciudadanía- no tendría más que un papel protocolario.

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Sin embargo, la dinámica propia del poder muchas veces hace que la cercanía con la persona que está en el centro del sistema político le confiera poder a su círculo inmediato, no sólo tratándose de su equipo de trabajo, sino también de su cónyuge.

La función de las llamadas “primeras damas” normalmente no está regulada en ningún país, sino que se trata de un papel informal, pero muy real. En los hechos, la influencia, la visibilidad y la presencia de las primeras damas en la esfera política y social depende de sus propios intereses, estilos y ambiciones.

Dado que el fenómeno de las primeras damas existe y forma parte de nuestra realidad política, vale la pena revisar los tipos de primeras damas que ha habido en nuestro país y en otros, y estar atentos a las primeras damas que inevitablemente han de venir.

Las memorables

Hay primeras damas que pasan a la historia por haber sido más populares que los mismos presidentes con los que estaban casadas. Eso no quiere decir -necesariamente- que tuvieran más poder o que tomaran decisiones vitales para sus países, pero sí que sus pueblos se identificaron con ellas y que a partir de su popularidad tuvieron la oportunidad de avanzar sobre en los temas de sus propias agendas o las de sus maridos.

Eva Perón. Probablemente el arquetipo de las primeras damas memorables es Eva Duarte de Perón “Evita”. La relación de Evita con el sector obrero, su trabajo de representación de la República Argentina en Europa y su lucha por el reconocimiento de la igualdad de derechos de las mujeres la convirtió en una figura central, hasta el punto de fue el propio sector obrero el que se movilizó para que ella aceptara la nominación a la vicepresidencia del país. Sin embargo, presiones políticas y problemas de salud truncaron el desarrollo de su carrera política.

En tiempos más recientes, Michelle Obama, exprimera dama de los Estados Unidos ha sido probablemente la figura que representa mejor este tipo.

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En nuestro país, hace mucho que no tenemos primeras damas memorables en ese sentido y, además, por su perfil, las que lo fueron tuvieron poco protagonismo político, y más bien fueron reconocidas por su penetración social. En el siglo XIX destacó, desde luego, la aún recordada, Margarita Maza de Juárez, pero en el siglo XX, quizá la más se acercó a esa tipología haya sido Amalia Solórzano de Cárdenas que -después de la muerte del Gral. Lázaro Cárdenas- se convirtió en una especie de representante de la memoria y de los valores del cardenismo.

Las políticas

Ha habido primeras damas que tuvieron una carrera política propia y que utilizaron la posición de primera dama para impulsar sus propias aspiraciones.

La tercera esposa de Juan Domingo Perón (Evita fue la segunda), María Estela Domínguez de Perón, conocida como “Isabelita”, sí consiguió lo que Evita no pudo: fue electa vicepresidenta en 1973, y al año siguiente, cuando el presidente Perón murió, ella lo sucedió en el cargo, convirtiéndose en la primera mujer presidente de América. Se ve que a los argentinos se le da lo de las primeras damas poderosas, porque en ese mismo país otra primera dama, Cristina Fernández, se convirtió en presidenta de la república después que su marido, Néstor Kirchner.

Entre otros casos, está el de Mireya Moscoso, que fue primera dama de Panamá durante el tercer mandato de su marido, Arnulfo Arias Madrid, pero más de diez años después de la muerte de éste, se convirtió en la primera mujer en gobernar su país.

Hillary Clinton. Hillary Clinton no ganó la presidencia de los Estados Unidos (aunque sí obtuvo más votos que Donald Trump), pero a pesar de su fracaso electoral, Hillary seguramente es la imagen más relevante de primera dama con carrera política propia en nuestro tiempo.

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En México, Margarita Zavala, esposa del expresidente Felipe Calderón, es la única exprimera dama que ha intentado obtener por sí misma la presidencia de la república, aunque luego, tomando en cuenta sus probabilidades de ganar, haya retirado su candidatura.

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Las del poder detrás de la silla

También ha habido primeras damas que, sin mandato ni carrera política propia llegan a ejercer el poder junto a sus esposos, lo que las ha convertido en figuras controversiales, muchas veces percibidas de manera negativa.

Imelda Marcos. La que alcanzó cotas de poder más escandalosas fue, sin duda, Imelda Marcos, primera dama de Filipinas durante el mandato del dictador Ferdinand Marcos. Imelda era hija de una familia acomodada y fue en su momento reina de belleza, pero sobre todo era una mujer de ambición desmedida. Si bien impulsó obras sociales, desde un punto de vista o bien asistencialistas o bien de remozamiento urbano, es más recordada por la rampante corrupción con la que se condujo, la enorme riqueza que amasó, por su extravagancia y también por su autoritarismo.

En México, el recuerdo más cercano -toda proporción guardada- de una primera dama que aprovechó la posición de su esposo para apoyar negocios familiares, empujar una agenda propia y ejercer el poder sin mandato es, seguramente, Martha Sahagún, esposa del expresidente Vicente Fox.

Las de protocolo.

Una primera dama puede no tener ninguna función política sustantiva, pero si domina el protocolo entre jefes de Estado, tiene un alto perfil en materia de imagen y si además es hábil para conectar con las personas correctas, puede convertirse en un auténtico activo para el gobierno de su país.

Jackie Kennedy. La figura máxima de ese tipo de primera dama es Jacqueline Kennedy, esposa del presidente John F. Kennedy. Antes del asesinato de su esposo, Jackie despertó una enorme fascinación a nivel mundial por su belleza, elegancia y saber estar. Durante el periodo Kennedy, Jackie se esforzó por convertir a la Casa Blanca en una especie de “Camelot”, en referencia al mítico reinado de rey Arturo y al musical de Broadway del mismo nombre, que ella y su esposo escuchaban con frecuencia.

Otras primeras damas notables por haber desempeñado ese papel exitosamente y que han ayudado a mejorar la imagen de sus esposos han sido, por ejemplo: Nancy Reagan, que antes había tenido una carrera propia como actriz de cine; o la modelo y cantante, Carla Bruni, que fue primera dama de Francia durante el mandato de Nicolás Sarkozy. Sorprendentemente, la eslovena, Melania Trump, cuyos antecedentes como modelo comercial hacían pensar en un potencial desastre para la función de primera dama (sobre todo por ser la sucesora en esa posición de una figura como Michelle Obama), en realidad ha resultado ser la que aporta mayor dignidad a la actual Casa Blanca, aunque eso, en la era Trump quizá no sea mucho decir.

En México, la primera dama que mejor manejó los temas de protocolo y relaciones públicas de su esposo fue Carmen Romero Rubio, que suavizó y hasta sofisticó, por así decir, la tosca imagen del Gral. Porfirio Díaz.