¿Se debe tolerar a los intolerantes? | SapiensBox

Cualquier usuario de redes sociales lo ha vivido: echas un ojo a la sección de comentarios y te topas con el clásico troll que postula opiniones extremas, muchas veces violentas y excluyentes. Y si le respondes negando la premisa mayor de su argumento, es decir, señalándole que se basa en un principio inaceptable, de inmediato te acusa de ser intolerante con su intolerancia.

Te interesa: Test: ¿Qué tipo de troll eres?

En esta época, en la que se ha impuesto la idea de que todas las opiniones son igualmente respetables, esa engañosa equidistancia genera muchas veces confusión entre quienes buscan construir una sociedad incluyente, los cuales pueden caer fácilmente en uno de dos extremos: o bien asumir que las posturas intolerantes deben ser simplemente ignoradas para evitar su inflamación, o bien, asumir una postura de supresión de la intolerancia, típicamente por la vía legal.

Te interesa: El problema de ser políticamente correctos

Ambas posturas han sido aplicadas en distintos contextos sociales, pero ninguna de las dos es universalizable, pues requieren análisis caso por caso. Sin embargo, uno de los filósofos más importantes del siglo XX, John Rawls (1921-2002), famoso por ser el autor de una de las más importantes teorías de la justicia en la historia del pensamiento jurídico moderno, ya se había ocupado de este problema y propone una respuesta que vale la pena considerar.

Te interesa: Las redes con más ciberacoso

En su Teoría de la Justicia, Rawls propone que el problema debe dividirse en dos preguntas:

  1. ¿Tienen derecho las personas intolerantes a quejarse de intolerancia?
  2. ¿Tienen derecho las personas tolerantes a no tolerar a los intolerantes?

Se trata de dos caras de la misma moneda, pero las respuestas a ambas preguntas son muy distintas entre sí.

Una persona o un grupo intolerante pierde el derecho a quejarse de ser objeto de intolerancia.

Por lo que toca a la primera pregunta, Rawls sostiene que, según los principios básicos de justicia de su teoría, una persona o un grupo intolerante no tiene derecho a quejarse de una intolerancia semejante a la que esa persona o grupo ejercen.

La razón detrás de esa respuesta es que la teoría de la justicia de Rawls basa sus principios de una hipotética posición original en la que todos los seres humanos desconocen cuál será su suerte o qué posición ocuparán dentro de la sociedad, y en esa situación pactan los derechos que se van a reconocer unos a otros. Una persona en esas circunstancias está limitada por los principios que ella misma reconoce y, por lo tanto, forzosamente le garantizaría a cualquier otra persona los mismos derechos que a sí misma. Por lo tanto, en ese sentido, una persona o un grupo intolerante pierde el derecho a quejarse de ser objeto de intolerancia.

Eso quizá sirva para responderle al troll en redes sociales, pero deja todavía por responder la segunda cuestión: ¿Cómo debe ocuparse una sociedad tolerante de sus propios miembros intolerantes?

Las sociedades tolerantes tienen el derecho y la obligación de limitar la libertad de las personas y los grupos intolerantes

El problema no es tan simple, porque ya sea por exceso o por defecto, es fácil que las decisiones que se tomen a nivel social en este tema terminen por desgastar el valor de la tolerancia, lo que pone en peligro el derecho de las personas a pensar, creer y expresarse en libertad.

Te interesa: Libertad religiosa vs Laicicidad

Por lo tanto, Rawls propone una solución razonable: las sociedades tolerantes –siempre que estén bien ordenadas– tienen el derecho y también en algún sentido la obligación de limitar la libertad de las personas y los grupos intolerantes, sólo cuando esas personas o grupos supongan una amenaza para la seguridad de la sociedad o para las instituciones garantes de las libertades de esa sociedad.

El irrefutable principio de autopreservación es el que sustenta esta postura, pero al mismo tiempo se asegura de poner estándares exigentes a la sociedad antes de que opte por limitar las libertades de sus miembros, incluso de aquellos que son intolerantes.

¿Qué opinas? ¿Deberíamos limitar la libertad de expresión a quien es intolerante con los demás? ¿Debemos restringirle derechos a quien pone en riesgo los derechos de los demás, o esto sólo nos vuelve a todos intolerantes?