Una rosa es una rosa es una rosa | SapiensBox

En aquél inmortal verso de Gertrude Stein (que luego fue retomado por Mecano para hacer una famosa canción) la rosa es sinónimo de la realidad: es la que es. Pero la rosa ha servido muchas veces a lo largo de la historia como símbolo de realidades diferentes, incluso contradictorias. Mientras que los griegos afirmaban que las rosas nacieron de la sangre de Adonis (muerto a casusa de los celos que generaba su belleza entre Afrodita y Perséfone); los cristianos llaman “Rosa Mística” a la Virgen María, culmen de la pureza en la creación.

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Los seres humanos hemos estado fascinados por las rosas, probablemente, desde el siglo XII antes de Cristo. Si bien, su tendencia a hibridarse fácilmente hace que la rosa tenga miles de variedades, probablemente la más antigua de todas sea la rosa gallica, llamada en español, “rosa de Castilla”. Sabemos que Carlomagno cultivo la gallica en los vergeles de Aquisgrán, y la tradición indica que habrían sido también rosas de Castilla las que llenaron el ayate de Juan Diego en el Tepeyac.

Sin embargo, no son ese tipo de rosas las que más se aprecian y cultivan con objeto ornamental en nuestros días. Las rosas que en el habla popular sólo distinguimos por su color (“rosa roja”, “rosa blanca”, “rosa rosa”) normalmente corresponden al grupo de las rosas llamadas “de té”, que son de las más aromáticas y bellas, pero entre ellas hay también muchísimas variedades distintas.

Difícilmente el comprador ocasional distinguiría una Maman Cochet…

De una Catherine Mermet…

O de la Vesuve.

En todo caso, lo que sí es fácil de identificar es que alrededor de dos fechas concretas, el 14 de febrero y el 10 de mayo, las rosas inundan las casas, los restaurantes y las tiendas de nuestras ciudades, para celebrar el amor, ya sea el amor romántico o el amor filial. Y con el aumento en la demanda, también suben los precios.

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Una docena de rosas que un día cualquiera cuesta entre 150 y 180 pesos, en esas fechas se vende por no menos de 200. En México se producen anualmente entre 7 y 8 millones de docenas de rosas, y más del 80% de la producción nacional se concentra en el Estado de México, en particular en el Municipio de Tenancingo. Pero las rosas mexicanas no sólo son para el consumo nacional, sino que se exportan también a Estados Unidos, a donde llegan entre 17 y 52 horas después de ser cortadas, dependiendo de su destino final.

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Pero hay quienes no sólo compran rosas para regalar una vez o dos al año, sino que se especializan en cultivarlas y mantenerlas, para presentarlas en concursos y subastas. Entre ellos, un ejemplar de la rosa Juliet, alcanzó en 2006 casi los 16 millones de dólares. Su cultivador, el famoso criador de rosas, David Austin, pasó más de 15 años e invirtió más de 3 millones de libras esterlinas en el desarrollo de la variedad.

Así que la próxima vez que vayas a comprar rosas, tal vez recuerdes que detrás de cada una de ellas hay siglos de civilización y millones de pesos invertidos en ellas.