¿Cómo se supone que sea una violación? El caso de Karla Souza | SapiensBox

El movimiento #MeToo ha tenido un desafortunado nacimiento en nuestro país.

El movimiento #MeToo –surgido en el ámbito de las actrices de Hollywood en 2017– visibilizó las prácticas de acoso y abuso sexual sistemático en la industria del cine nortemaericano, pero también propició una discusión más amplia acerca de lo normalizado que está ese tipo de comportamiento a nivel social.

Por ejemplo, en México, de acuerdo con cifras del INEGI, 34.3% de la población femenina mayor de 15 años ha sufrido violencia sexual en espacios públicos o comunitarios, y según la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, en nuestro país se registran 35 agresiones sexuales cada día.

Era de esperarse que el movimiento #MeToo tuviera resonancia también de este lado de la frontera, y eso suponía, para las actrices mexicanas, una oportunidad de servir como portavoces de una realidad a la que es necesario poner freno.

Un grupo de actrices integrado por Karla Souza, Paola Núñez, Stephanie Sigman y Azul Almazán, decidieron compartir las experiencias de abuso o acoso que han sufrido.

Finalmente, un grupo de actrices integrado por Karla Souza, Paola Núñez, Stephanie Sigman y Azul Almazán, decidieron compartir –en entrevistas con Carmen Aristegui– las experiencias de abuso o acoso que han sufrido a manos de productores o directores con lo que trabajaron. Ninguna de ellas quiso identificar abiertamente a sus agresores, pero en algunos casos era posible hacer inferencias.

De entre esos testimonios, quizá el que suponía una acusación más severa fue el de Karla Souza, que denunció haber sufrido una violación, perpetrada por el director de una película en la que participó al principio de su carrera.

Horas después de que la información se diera a conocer, Televisa anunció la suspensión de sus relaciones laborales con el director Gustavo Loza, y relacionó la decisión expresamente con el testimonio de Karla Souza. El director ha rechazado por completo las acusaciones.

¿Cuestionamos a la víctima?

Mientras que las redes sociales anunciaban –ahora sí– el inició de movimiento #MeToo en México, de inmediato comenzaron a surgir cuestionamientos acerca de si lo que Karla Souza relató como una violación efectivamente lo fue.

Y es que la propia actriz admitió que en el momento en que se dio la agresión, ella misma no lo conceptualizó como una violación, sino que lo entendió tiempo después, asesorándose con expertos.

En resumen, el testimonio de Karla Souza refiere que el director que la agredió, la aisló del resto del elenco de la película, asignándole una habitación en el mismo hotel en el que él dormía, luego acudía a su habitación en mitad de la madrugada para hablar, y si ella no le abría, le quitaba escenas o la humillaba durante las grabaciones. Conforme esa dinámica se fue estableciendo, poco a poco el director habría empezado a intentar un tipo de seducción agresiva, que la actriz sentía que no podía rechazar, por lo que accedió a besos y caricias indeseadas, algo que ella refiere como un abuso de poder. Al final de ese proceso, ella simplemente refiere que en una de esas ocasiones, el director la agredió violentamente (sic) y la violó.

De inmediato comenzaron a surgir cuestionamientos acerca de si lo que Karla Souza relató como una violación efectivamente lo fue.

Por su parte, el director ha reaccionado negando ser la persona a la que Karla Souza se refiere, pues –según ha revelado– ellos tuvieron, de hecho, una larga relación amorosa; alega que él tiene una hija de 17 años (como si eso lo imposibilitara para violar a alguien) y, en términos generales, habla acerca de la buena relación laboral y personal que han tenido a lo largo de los años. También ha dicho que, incluso después de haber terminado su relación, él y la actriz han mantenido contacto frecuente y afectuoso y que han trabajado juntos en más ocasiones.

A la par de esas declaraciones, han comenzado a republicarse entrevistas antiguas de Karla Souza en las que hablaba en términos positivos de Gustavo Loza y otra en particular en la que admite haber usado la atracción física que los directores o productores pudieran sentir por ella al inicio de su carrera para obtener algún papel.

Es cierto que hasta ahora no ha habido en realidad ninguna acción legal por parte de Karla Souza en contra de su presunto agresor y, por lo tanto, la discusión sobre este caso no se está dirimiendo en términos jurídicos; pero su auténtico valor radica en que la sociedad tenga una discusión más abierta acerca de un problema real y mucho más extendido de lo que quisiéramos admitir: las mujeres de este país (y de todos los países) sufren muchas veces violaciones que ni sus agresores ni la sociedad admiten como tales.

Un acto sexual que no es plenamente deseado y consentido, de principio a fin, por alguna de las personas involucradas en él es, sin duda, una violación.

Y es que parece que, en el imaginario colectivo, una violación para poder ser así llamada, debe darse en un contexto en el que no haya una relación afectiva entre víctima y victimario, así como debe incluir violencia física y exige que la víctima corte por completo toda forma de relación con quien la agredió. Es esa vieja conceptualización por virtud de la cual algunas personas pensaban (o piensan) que no puede haber violación al interior del matrimonio, por ejemplo.

Sin embargo, tanto la ley como los expertos y una buena parte de la sociedad de nuestro tiempo tienen claro que, independientemente de cualquier otra consideración, un acto sexual que no es plenamente deseado y consentido, de principio a fin, por alguna de las personas involucradas en él es, sin duda, una violación.

Tristemente, lo que ha pasado con este primer impulso del movimiento #MeToo en México es que en vez de centrar la atención del público en el problema de abuso sistemático del que las mujeres son las principales víctimas, ha develado la realidad de una sociedad que ante las acusaciones de este tipo vuelve a cuestionar ante todo a quien ha experimentado una agresión.